2 Maccabees 11
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| v | SBLEs2024 |
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| 1 | Poco tiempo después, Lisias, tutor, pariente del rey y canciller, estando muy disgustado por las cosas que habían sucedido, |
| 2 | reunió a unos ochenta mil infantes y toda su caballería, y marchó contra los judíos, planeando hacer de la ciudad una morada para los griegos, |
| 3 | imponer un tributo al templo, como en los demás lugares sagrados de las naciones, y poner a la venta el sumo sacerdocio cada año. |
| 4 | No tuvo en cuenta el poder de Dios, sino que se envaneció con sus decenas de miles de infantes, sus miles de jinetes y sus ochenta elefantes. |
| 5 | Entrando en Judea y acercándose a Bet-sur, que era un lugar fortificado a unos cinco estadios de distancia de Jerusalén, la asedió duramente. |
| 6 | Cuando el Macabeo y sus hombres se enteraron de que estaba sitiando las fortalezas, ellos y todo el pueblo, con lamentos y lágrimas, suplicaron al Señor que enviara a un buen ángel para salvar a Israel. |
| 7 | El mismo Macabeo fue el primero en tomar las armas, y exhortó a los demás a ponerse en peligro junto con él y a ayudar a sus hermanos; y salieron con él de muy buena gana. |
| 8 | Estando allí, cerca de Jerusalén, apareció a la cabeza de ellos un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. |
| 9 | Todos juntos alabaron al Dios misericordioso, y cobraron aún más ánimo, estando dispuestos a atacar no solo a hombres, sino a las bestias más feroces y a muros de hierro. |
| 10 | Avanzaron en formación, teniendo de su lado a aquel que está en el cielo para luchar por ellos, pues el Señor tuvo misericordia de ellos. |
| 11 | Lanzándose como leones contra el enemigo, mataron a once mil infantes y mil seiscientos jinetes, y obligaron a todos los demás a huir. |
| 12 | La mayoría de ellos escaparon heridos y desnudos. El propio Lisias también escapó mediante una vergonzosa huida. |
| 13 | Pero como era un hombre que no carecía de entendimiento, reflexionando sobre la derrota que le había sobrevenido, y considerando que los hebreos no podían ser vencidos porque el Dios Todopoderoso luchaba de su lado, envió de nuevo mensajeros |
| 14 | y los persuadió a llegar a un acuerdo con la condición de que se reconocieran todos sus derechos, y prometió que también persuadiría al rey para que se hiciera amigo de ellos. |
| 15 | El Macabeo dio su consentimiento a todas las condiciones que Lisias le propuso, velando por el bien común; pues todo lo que el Macabeo entregó por escrito a Lisias en favor de los judíos, el rey lo concedió. |
| 16 | La carta escrita a los judíos de parte de Lisias era del siguiente tenor: «Lisias al pueblo de los judíos, saludos. |
| 17 | Juan y Absalón, que fueron enviados por vosotros, habiendo entregado el documento escrito a continuación, hicieron una petición sobre las cosas escritas en él. |
| 18 | Por lo tanto, declaré al rey todo aquello que debía ser presentado ante él, y él concedió lo que era posible. |
| 19 | Si, pues, conserváis vuestra buena voluntad hacia el gobierno, yo también procuraré en el futuro contribuir a vuestro bien. |
| 20 | En cuanto a esto, he dado órdenes detalladas, tanto a estos hombres como a los que envío de mi parte, para que conversen con vosotros. |
| 21 | Que os vaya bien. Escrito en el año ciento cuarenta y ocho, el día veinticuatro del mes Dioscorintio». |
| 22 | Y la carta del rey contenía estas palabras: «El rey Antíoco a su hermano Lisias, saludos. |
| 23 | Puesto que nuestro padre ha pasado a los dioses con el deseo de que los súbditos de su reino no sean molestados y puedan dedicarse al cuidado de sus propios asuntos, |
| 24 | nosotros, habiendo oído que los judíos no consienten en el propósito de nuestro padre de volverlos a las costumbres de los griegos, sino que prefieren su propio modo de vida, y piden que se les permitan las costumbres de su ley, |
| 25 | decidiendo, por tanto, que esta nación también debe estar libre de perturbaciones, determinamos que se les devuelva su templo, y que vivan de acuerdo con las costumbres que existían en los días de sus antepasados. |
| 26 | Haréis bien, pues, en enviarles mensajeros y darles la diestra de amistad, para que ellos, conociendo nuestra intención, cobren buen ánimo y se ocupen alegremente de la administración de sus propios asuntos». |
| 27 | Y para la nación, la carta del rey fue la siguiente: «El rey Antíoco al senado de los judíos y a los demás judíos, saludos. |
| 28 | Si os encontráis bien, es nuestro deseo. Nosotros también gozamos de buena salud. |
| 29 | Menelao nos informó de que vuestro deseo era regresar a casa y atender vuestros propios asuntos. |
| 30 | Por tanto, aquellos que regresen a sus hogares hasta el trigésimo día del mes de Xántico contarán con nuestra amistad, con pleno permiso |
| 31 | para que los judíos consuman sus propios alimentos y observen sus propias leyes, como antes. Ninguno de ellos será molestado en modo alguno por las cosas que se hayan hecho por ignorancia. |
| 32 | Además, he enviado también a Menelao, para que os anime. |
| 33 | Que os vaya bien. Escrito en el año ciento cuarenta y ocho, el día quince del mes de Xántico». |
| 34 | Los romanos también les enviaron una carta con estas palabras: «Quinto Memmio y Tito Manio, embajadores de los romanos, al pueblo de los judíos, saludos. |
| 35 | Con respecto a las cosas que Lisias, pariente del rey, os concedió, nosotros también damos nuestro consentimiento. |
| 36 | Pero en cuanto a las cosas que él consideró que debían remitirse al rey, enviad a alguien con prontitud, después de haberlas considerado, para que podamos publicar los decretos que sean adecuados para vuestro caso; pues estamos en camino hacia Antioquía. |
| 37 | Por tanto, enviad a alguien a toda prisa, para que también nosotros sepamos cuál es vuestro parecer. |
| 38 | Que os vaya bien. Escrito en el año ciento cuarenta y ocho, el día quince de Xántico». |