Acts 16
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y vino hasta Derbe, y Listra; y, he aquí, estaba allí cierto discípulo, llamado Timoteo, hijo de una mujer Judía creyente, mas su padre era Griego. |
| 2 | De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. |
| 3 | Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le circuncidó, por causa de los Judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era Griego. |
| 4 | Y como pasaban por las ciudades, les daban para que guardasen los decretos, que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem. |
| 5 | Así que las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en número cada día. |
| 6 | ¶ Y pasando a Frigia, y a la provincia de Galacia, les fue vedado por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia. |
| 7 | Y como vinieron a Misia, tentaron de ir a Bitinia, mas no se lo permitió el Espíritu. |
| 8 | Y pasando por Misia, bajaron a Troas. |
| 9 | Y se le apareció a Pablo de noche una visión: Un varón Macedonio estaba en pie, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia, y ayúdanos. |
| 10 | Y como vio la visión, luego procuramos partir a Macedonia, certificados que Dios nos llamaba para que les predicásemos el evangelio. |
| 11 | Y partidos de Troas, vinimos camino derecho a Samotracia, y el día siguiente a Neapolis. |
| 12 | Y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de aquella parte de Macedonia, y es una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. |
| 13 | ¶ Y en el día de sábado salimos de la ciudad al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían juntado. |
| 14 | Entonces una mujer, llamada Lidia, que vendía púrpura, de la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, oyó: el corazón de la cual abrió el Señor, para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. |
| 15 | Y como fue bautizada, con su casa, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrád en mi casa, y posád; y nos constriñó. |
| 16 | ¶ Y aconteció, que yendo nosotros a la oración, una muchacha que tenía espíritu Pitónico, nos salió delante; la cual daba grande ganancia a sus amos adivinando. |
| 17 | Esta, siguiendo a Pablo, y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, los cuales nos enseñan el camino de salvación. |
| 18 | Y esto hacía por muchos días, mas desagradado Pablo, se volvió, y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesu Cristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora. |
| 19 | Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas; y los trajeron a la plaza, a las autoridades. |
| 20 | Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, siendo Judíos. |
| 21 | Y enseñan costumbres, las cuales no nos es lícito recibir ni guardar, pues somos Romanos. |
| 22 | Y concurrió la multitud contra ellos; y los magistrados rompiéndoles sus ropas los mandaron azotar con varas. |
| 23 | Y después que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia. |
| 24 | El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más a dentro, y les apretó los pies en el cepo. |
| 25 | Mas a media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los que estaban presos los oían. |
| 26 | Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron; y las prisiones de todos se soltaron. |
| 27 | Y despertado el carcelero, como vio abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huido. |
| 28 | Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal: que todos estamos aquí. |
| 29 | El entonces pidiendo una luz, entró dentro, y temblando se derribó a los pies de Pablo y de Silas. |
| 30 | Y sacándolos fuera, les dijo: Señores, ¿Qué debo yo hacer para ser salvo? |
| 31 | Y ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesu Cristo, y serás salvo tú, y tu casa. |
| 32 | Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa. |
| 33 | Y tomándolos él en aquella misma hora de la noche, les lavó los cardenales; y fue bautizado luego él, y todos los suyos. |
| 34 | Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó, creyendo en Dios con toda su casa. |
| 35 | ¶ Y como fue de día, los magistrados enviaron los alguaciles al carcelero, diciendo: Suelta a aquellos hombres. |
| 36 | Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo, diciendo: Los magistrados han enviado que seáis sueltos: así que ahora salíd, e idos en paz. |
| 37 | Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin habernos oído, nos echaron en la cárcel, siendo hombres Romanos; ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto; sino vengan ellos mismos, y nos saquen. |
| 38 | Y los alguaciles volvieron a decir a los magistrados estas palabras; y tuvieron miedo, oído que eran Romanos. |
| 39 | Y viniendo les suplicaron, y sacándolos, les rogaron que se saliesen de la ciudad. |
| 40 | Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y vistos los hermanos, los consolaron, y se fueron. |