Acts 20
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| v | Platense1951 |
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| 1 | Luego que el tumulto cesó, convocó Pablo a los discípulos, los exhortó, y despidiéndose salió para ir a Macedonia. |
| 2 | Y después de recorrer aquellas regiones, exhortándolos con muchas palabras, llegó a Grecia, |
| 3 | donde pasó tres meses; mas cuando ya estaba para ir a Siria, los judíos le armaron asechanzas, por lo cual tomó la resolución de regresar por Macedonia. |
| 4 | Le acompañaban hasta Asia: Sópatro de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo, Tíquico y Trófimo de Asia. |
| 5 | Estos se adelantaron y nos esperaban en Tróade. |
| 6 | Nosotros, en cambio, nos dimos a la vela desde Filipos, después de los días de los Ázimos; y en cinco días los alcanzamos en Tróade, donde nos detuvimos siete días. |
| 7 | El primer día de la semana nos reunimos para partir el pan, Pablo, que había de marchar al día siguiente, les predicaba, prolongando su discurso hasta la medianoche. |
| 8 | Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos. |
| 9 | Mas un joven, de nombre Eutico, se hallaba sentado sobre la ventana sumergido en profundo sueño, y al fin, mientras Pablo extendía más su plática, cayó del tercer piso abajo, vencido del sueño, y fue levantado muerto. |
| 10 | Bajó Pablo, se echó sobre él y abrazándole dijo: “No os asustéis, porque su alma está en él”. |
| 11 | Luego subió, partió el pan y comió; y después de conversar largamente hasta el amanecer, así se marchó. |
| 12 | Ellos se llevaron vivo al joven, y quedaron sobremanera consolados. |
| 13 | Nosotros, adelantándonos en la nave, dimos vela a Asón, donde habíamos de recibir a Pablo. Lo había dispuesto así, queriendo irse él a pie. |
| 14 | Cuando nos alcanzó en Asón, le recogimos y vinimos a Mitilene. |
| 15 | Navegando de allí, nos encontramos al día siguiente enfrente de Quío; al otro día arribamos a Samos, y al siguiente llegamos a Mileto. |
| 16 | Porque Pablo había resuelto pasar de largo frente a Éfeso, para no demorarse en Asia; pues se daba prisa para estar, si le fuese posible, en Jerusalén el día de Pentecostés. |
| 17 | Desde Mileto envió a Éfeso a llamar a los presbíteros de la Iglesia. |
| 18 | Cuando llegaron a él les dijo: “Vosotros sabéis, desde el primer día que llegué a Asia, cómo me he portado con vosotros todo el tiempo: |
| 19 | sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y pruebas que me sobrevinieron por las asechanzas de los judíos; |
| 20 | y cómo nada de cuanto fuera de provecho he dejado de anunciároslo y enseñároslo en público y por las casas; |
| 21 | dando testimonio a judíos y griegos sobre la conversión a Dios y la fe en nuestro Señor Jesús. |
| 22 | Y ahora, he aquí que voy a Jerusalén, encadenado por el Espíritu, sin saber lo que me ha de suceder allí; |
| 23 | salvo que el Espíritu Santo en cada ciudad me testifica, diciendo que me esperan cadenas y tribulaciones. |
| 24 | Pero yo ninguna de estas cosas temo, ni estimo la vida mía como algo precioso para mí, con tal que concluya mi carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús, y que dé testimonio del Evangelio de la gracia de Dios. |
| 25 | Al presente, he aquí yo sé que no veréis más mi rostro, vosotros todos, entre quienes he andado predicando el reino de Dios. |
| 26 | Por lo cual os protesto en este día que soy limpio de la sangre de todos; |
| 27 | pues no he omitido anunciaros el designio entero de Dios. |
| 28 | Mirad, pues, por vosotros mismos y por toda la grey, en la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual Él ha adquirido con su propia sangre. |
| 29 | Yo sé que después de mi partida vendrán sobre vosotros lobos voraces que no perdonarán al rebaño. |
| 30 | Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que enseñen cosas perversas para arrastrar en pos de sí a los discípulos. |
| 31 | Por tanto velad, acordándoos de que por tres años no he cesado ni de día ni de noche de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros. |
| 32 | Ahora, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, la cual es poderosa para edificar y para dar la herencia entre todos los santificados. |
| 33 | Plata u oro o vestido no he codiciado de nadie. |
| 34 | Vosotros mismos sabéis que a mis necesidades y a las de mis compañeros han servido estas manos |
| 35 | En todo os di ejemplo de cómo es menester, trabajando así, sostener a los débiles, acordándose de las palabras del señor Jesús, que dijo Él mismo: “Más dichoso es dar que recibir”. |
| 36 | Dicho esto, se puso de rodillas e hizo oración con todos ellos. |
| 37 | Y hubo gran llanto de todos, y echándose al cuello de Pablo lo besaban, |
| 38 | afligidos sobre todo por aquella palabra que había dicho, de que ya no verían su rostro. Y le acompañaron hasta el barco. |