Acts 27
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| v | SBLEs2024 |
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| 1 | Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. |
| 2 | Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. |
| 3 | Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos. |
| 4 | Y haciéndonos a la mar desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. |
| 5 | Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. |
| 6 | Y hallando allí el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella. |
| 7 | Navegando despacio muchos días, y habiendo llegado a duras penas frente a Gnido, porque el viento nos lo impedía, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. |
| 8 | Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. |
| 9 | Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el Ayuno, Pablo les amonestaba, |
| 10 | diciéndoles: «Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas». |
| 11 | Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. |
| 12 | Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si de algún modo podían llegar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. |
| 13 | Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. |
| 14 | Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado, llamado Euroclidón. |
| 15 | Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. |
| 16 | Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. |
| 17 | Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. |
| 18 | Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar. |
| 19 | Y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. |
| 20 | Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. |
| 21 | Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: “Habríais debido, oh varones, haberme escuchado, y no zarpar de Creta, para evitar este perjuicio y pérdida. |
| 22 | Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. |
| 23 | Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, |
| 24 | diciendo: ‘Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo’. |
| 25 | Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. |
| 26 | Con todo, es necesario que demos en alguna isla”. |
| 27 | Llegada la decimacuarta noche, y siendo nosotros llevados a la deriva por el mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; |
| 28 | y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. |
| 29 | Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. |
| 30 | Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. |
| 31 | Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros». |
| 32 | Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse. |
| 33 | Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: «Este es el decimocuarto día que esperáis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. |
| 34 | Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá». |
| 35 | Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. |
| 36 | Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. |
| 37 | Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. |
| 38 | Y una vez satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar. |
| 39 | Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían un golfo que tenía playa, en el cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. |
| 40 | Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando también las ataduras de los timones; e izando al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. |
| 41 | Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría por la violencia del mar. |
| 42 | Entonces el consejo de los soldados fue matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. |
| 43 | Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; |
| 44 | y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra. |