Acts 2
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Al cumplirse el día de Pentecostés, se hallaban todos juntos en el mismo lugar, |
| 2 | cuando de repente sobrevino del cielo un ruido como de viento que soplaba con ímpetu, y llenó toda la casa donde estaban sentados. |
| 3 | Y se les aparecieron lenguas divididas, como de fuego, posándose sobre cada uno de ellos. |
| 4 | Todos fueron entonces llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, tal como el Espíritu les daba que hablasen. |
| 5 | Habitaban en Jerusalén judíos, hombres piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. |
| 6 | Al producirse ese ruido, acudieron muchas gentes y quedaron confundidas, por cuanto cada uno los oía hablar en su propio idioma. |
| 7 | Se pasmaban, pues, todos, y se asombraban diciéndose: “Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? |
| 8 | ¿Cómo es, pues, que los oímos cada uno en nuestra propia lengua en que hemos nacido? |
| 9 | Partos, medos, elamitas y los que habitan la Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia, |
| 10 | Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de la Libia por la región de Cirene, y los romanos que viven aquí, |
| 11 | así judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”. |
| 12 | Estando, pues, todos estupefactos y perplejos, se decían unos a otros: “¿Qué significa esto?” |
| 13 | Otros, en cambio, decían mofándose: “Están llenos de mosto”. |
| 14 | Entonces Pedro, poniéndose de pie, junto con los once, levantó su voz y les habló: “Varones de Judea y todos los que moráis en Jerusalén, tomad conocimiento de esto y escuchad mis palabras. |
| 15 | Porque estos no están embriagados como sospecháis vosotros, pues no es más que la tercera hora del día; |
| 16 | sino que esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: |
| 17 | «Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi espíritu sobre toda carne; profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos verán sueños. |
| 18 | Hasta sobre mis esclavos y sobre mis esclavas derramaré de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán. |
| 19 | Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo. |
| 20 | El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que llegue el día del Señor, el día grande y celebre. |
| 21 | Y acaecerá que todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo». |
| 22 | “Varones de Israel, escuchad estas palabras: A Jesús de Nazaret, hombre acreditado por Dios ante vosotros mediante obras poderosas, milagros y señales que Dios hizo por medio de Él entre vosotros, como vosotros mismos sabéis; |
| 23 | a Este, entregado según el designio determinado y la presciencia de Dios, vosotros, por manos de inicuos, lo hicisteis morir, crucificándolo. |
| 24 | Pero Dios lo ha resucitado anulando los dolores de la muerte, puesto que era imposible que Él fuese dominado por ella. |
| 25 | Porque David dice respecto a Él: «Yo tenía siempre al Señor ante mis ojos, pues está a mi derecha para que yo no vacile. |
| 26 | Por tanto se llenó de alegría mi corazón, y exultó mi lengua; y aun mi carne reposará en esperanza. |
| 27 | Porque no dejarás mi alma en el infierno, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. |
| 28 | Me hiciste conocer las sendas de la vida, y me colmarás de gozo con tu Rostro». |
| 29 | “Varones, hermanos, permitidme hablaros con libertad acerca del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro se conserva en medio de nosotros hasta el día de hoy. |
| 30 | Siendo profeta y sabiendo que Dios le había prometido con juramento que uno de sus descendientes se había de sentar sobre su trono, |
| 31 | habló proféticamente de la resurrección de Cristo diciendo: que Él ni fue dejado en el infierno ni su carne vio corrupción. |
| 32 | A este Jesús Dios le ha resucitado, de lo cual todos nosotros somos testigos. |
| 33 | Elevado, pues, a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, Él ha derramado a Este a quien vosotros estáis viendo y oyendo. |
| 34 | Porque David no subió a los cielos; antes él mismo dice: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, |
| 35 | hasta que ponga Yo a tus enemigos por tarima de tus pies». |
| 36 | Por lo cual sepa toda la casa de Israel con certeza que Dios ha constituido Señor y Cristo a este mismo Jesús que vosotros clavasteis en la cruz”. |
| 37 | Al oír esto ellos se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: “Varones, hermanos, ¿qué es lo que hemos de hacer?” |
| 38 | Respondioles Pedro: “Arrepentíos, dijo, y bautizaos cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. |
| 39 | Pues para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, cuantos llamare el Señor Dios nuestro”. |
| 40 | Con otras muchas palabras dio testimonio, y los exhortaba diciendo: “Salvaos de esta generación perversa”. |
| 41 | Aquellos, pues, que aceptaron sus palabras, fueron bautizados y se agregaron en aquel día cerca de tres mil almas. |
| 42 | Ellos perseveraban en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. |
| 43 | Y sobre todos vino temor, y eran muchos los prodigios y milagros obrados por los apóstoles. |
| 44 | Todos los creyentes vivían unidos, y todo lo tenían en común. |
| 45 | Vendían sus posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. |
| 46 | Todos los días perseveraban unánimemente en el Templo, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, |
| 47 | alabando a Dios, y amados de todo el pueblo; y cada día añadía el Señor a la unidad los que se salvaban. |