Acts 4
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| v | Platense1951 |
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| 1 | Mientras estaban hablando al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes, con el capitán del Templo, y los saduceos, |
| 2 | indignados de que enseñasen al pueblo y predicasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. |
| 3 | Les echaron mano y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya era tarde. |
| 4 | Muchos, sin embargo, de los que habían oído la Palabra creyeron, y el número de los varones llegó a cerca de cinco mil. |
| 5 | Y acaeció que al día siguiente se congregaron en Jerusalén los jefes de ellos, los ancianos y los escribas, |
| 6 | y el Sumo Sacerdote Anás, y Caifás, Juan y Alejandro y los que eran del linaje de los príncipes de los sacerdotes. |
| 7 | Los pusieron en medio y les preguntaron: “¿Con qué poder o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?” |
| 8 | Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: “Príncipes del pueblo y ancianos, |
| 9 | si nosotros hoy somos interrogados acerca del bien hecho a un hombre enfermo, por virtud de quién este haya sido sanado, |
| 10 | sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que en nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha resucitado de entre los muertos, por Él se presenta sano este hombre delante de vosotros. |
| 11 | Esta es la piedra que fue desechada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo; |
| 12 | y no hay salvación en ningún otro. Pues debajo del cielo no hay otro nombre dado a los hombres, por medio del cual podemos salvarnos”. |
| 13 | Viendo ellos el denuedo de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras e incultos, se admiraron y cayeron en la cuenta de que habían estado con Jesús; |
| 14 | por otra parte, viendo al hombre que había sido sanado, de pie en medio de ellos, nada podían decir en contra. |
| 15 | Mandaron entonces que saliesen del Sinedrio, y deliberaron entre sí, |
| 16 | diciendo: “¿Qué haremos con estos hombres? Pues se ha hecho por ellos un milagro evidente, notorio a todos los habitantes de Jerusalén, y no lo podemos negar. |
| 17 | Pero a fin de que no se divulgue más en el pueblo, amenacémoslos para que en adelante no hablen más en este nombre a persona alguna”. |
| 18 | Los llamaron, pues, y les intimaron que de ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. |
| 19 | Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: “Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios. |
| 20 | Porque nosotros no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído”. |
| 21 | Y así los despacharon amenazándoles, mas no hallando cómo castigarlos, por temor del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo sucedido. |
| 22 | Pues era de más de cuarenta años el hombre en quien se había obrado esta curación milagrosa. |
| 23 | Puestos en libertad, llegaron a los suyos y les contaron cuantas cosas les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. |
| 24 | Ellos al oírlo, levantaron unánimes la voz a Dios y dijeron: “Señor, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra y el mar y todo cuanto en ellos se contiene; |
| 25 | Tú el que mediante el Espíritu Santo, por boca de David, nuestro padre y siervo tuyo, dijiste: «¿Por qué se han alborotado las naciones, y los pueblos han forjado cosas vanas? |
| 26 | Levantáronse los reyes de la tierra, y los príncipes se han coligado contra el Señor y contra su Ungido». |
| 27 | Porque verdaderamente se han juntado en esta ciudad contra Jesús su santo Siervo, a quien Tú ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y los pueblos de Israel, |
| 28 | para hacer lo que tu mano y tu designio había determinado que se hiciese. |
| 29 | Ahora, pues, Señor, mira las amenazas de ellos, y da a tus siervos que prediquen con toda libertad tu palabra, |
| 30 | extendiendo tu mano para que se hagan curaciones, prodigios y portentos por el nombre de Jesús el santo Siervo tuyo”. |
| 31 | Acabada la oración, tembló el lugar en que estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban con toda libertad la palabra de Dios. |
| 32 | La multitud de los fieles tenía un mismo corazón y una misma alma, y ninguno decía ser suya propia cosa alguna de las que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. |
| 33 | Y con gran fortaleza los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y gracia abundante era sobre todos ellos. |
| 34 | Porque no había entre ellos persona pobre, pues todos cuantos poseían campos o casas, los vendían, traían el precio de las cosas vendidas, |
| 35 | y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se distribuía a cada uno según la necesidad que tenía. |
| 36 | Así también José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, lo que significa “Hijo de consolación”, levita y natural de Chipre, |
| 37 | tenía un campo que vendió y cuyo precio trajo poniéndolo a los pies de los apóstoles. |