Ecclesiastes 10
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Moscas muertas infectan y corrompen el ungüento del perfumista; así una leve locura es mengua de la sabiduría y de la gloria. |
| 2 | El corazón del sabio está en su mano derecha, el del necio en su izquierda. |
| 3 | Por cualquier camino que vaya el necio le falta el tino, y declara a cada uno que es un necio. |
| 4 | No dejes tu lugar si la ira del que manda se enciende contra ti; porque la mansedumbre calma graves errores. |
| 5 | Hay un mal que he visto debajo del sol, una especie de errores que provienen del príncipe: |
| 6 | la necedad elevada a los puestos más altos, y los señores sentados abajo. |
| 7 | Vi a esclavos ir a caballo, y a príncipes andar sobre la tierra como esclavos. |
| 8 | Quien cava una fosa, en ella caerá, y quien destruye un vallado le muerde la serpiente. |
| 9 | El que rueda piedras se lastima con ellas, y quien parte leña corre peligro de herirse. |
| 10 | Si el hierro se embota y no se aguza el filo, se requiere mayor esfuerzo, pero la sabiduría halla la ventaja. |
| 11 | Si muerde la serpiente por fallar el encantamiento, ¿qué provecho tiene el encantador? |
| 12 | En la boca del sabio las palabras son llenas de gracia, mas al necio le devoran sus labios. |
| 13 | El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su hablar es locura perniciosa. |
| 14 | El necio habla mucho. Ignora el hombre lo que pasó; y lo que después de él sucederá ¿quién se lo manifiesta? |
| 15 | Al necio le fatigan sus afanes, ni siquiera sabe por dónde se va a la ciudad. |
| 16 | ¡Ay de ti, país, cuando por rey tienes a un niño, y tus príncipes banquetean ya a la mañana! |
| 17 | ¡Dichoso tú, oh, país, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su tiempo, para sustentarse, y no para embriagarse! |
| 18 | A causa de la pereza se desploma la techumbre, y por flojedad de manos será toda la casa una gotera. |
| 19 | Para gozar se hacen convites; el vino hace alegre la vida, y la plata sirve para todo. |
| 20 | Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, y ni siquiera en el interior de tu alcoba hables mal del poderoso, porque un pájaro del cielo puede llevar tus palabras y denunciarte un alado. |