Luke 10
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y después de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, a los cuales envió de dos en dos, delante de su faz a toda ciudad y lugar a donde él había de venir. |
| 2 | Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogád al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. |
| 3 | Andád, he aquí, yo os envío como a corderos en medio de lobos. |
| 4 | No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie saludéis en el camino. |
| 5 | En cualquier casa donde entrareis, primeramente decíd: Paz sea a esta casa. |
| 6 | Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. |
| 7 | Y posád en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa. |
| 8 | Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os recibieren, coméd lo que os pusieren delante; |
| 9 | Y sanád los enfermos que en ella hubiere, y decídles: Se ha allegado a vosotros el reino de Dios. |
| 10 | Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decíd: |
| 11 | Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos contra vosotros: esto empero sabéd que el reino de los cielos se ha allegado a vosotros. |
| 12 | Y os digo, que Sodoma tendrá más remisión aquel día, que aquella ciudad. |
| 13 | ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro, y en Sidón se hubieran hecho las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya días ha, que sentados en cilicio y ceniza, se hubieran arrepentido: |
| 14 | Por tanto Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio. |
| 15 | Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada. |
| 16 | El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió. |
| 17 | Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan por tu nombre. |
| 18 | Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo. |
| 19 | He aquí, yo os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará: |
| 20 | Empero no os regocijéis de esto, de que los espíritus se os sujeten; mas antes regocijáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. |
| 21 | ¶ En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Alábote, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños: así Padre, porque así te agradó. |
| 22 | Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo le quisiere revelar. |
| 23 | Y vuelto particularmente a sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; |
| 24 | Porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. |
| 25 | ¶ Y he aquí, que un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? |
| 26 | Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? |
| 27 | Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo, como a ti mismo. |
| 28 | Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. |
| 29 | Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? |
| 30 | Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem a Jericó, y cayó entre ladrones; los cuales le despojaron, e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. |
| 31 | Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole, se pasó del un lado. |
| 32 | Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y mirándole, se pasó del un lado. |
| 33 | Y un Samaritano, que iba su camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; |
| 34 | Y llegándose, le vendó las heridas, echándole en ellas aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al mesón, y cuidó de él. |
| 35 | Y al otro día partiéndose, sacó dos denarios y los dio al mesonero, y le dijo: Cuida de él; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré. |
| 36 | ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó entre ladrones? |
| 37 | Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo. |
| 38 | ¶ Y aconteció, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. |
| 39 | Y esta tenía una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús oía su palabra. |
| 40 | Marta empero se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dijo: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Díle, pues, que me ayude. |
| 41 | Respondiendo Jesús entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: |
| 42 | Empero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. |
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