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Luke 4

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vValera1602
1 Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto,
2 Por cuarenta días siendo tentado del diablo. Y no comió nada en aquellos días: los cuales pasados, después tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan.
4 Y Jesús respondió, diciendo: Escrito está: Que no con pan sólo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo.
6 Y le dijo el diablo: A ti daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí ha sido entregada, y a quien quiero la doy.
7 Tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos.
8 Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete para atrás de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y le llevó a Jerusalem, y le puso sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo.
10 Porque escrito está: [Que] a sus ángeles te encomendará, para que te guarden;
11 Y [que] en [sus] manos te llevarán, para que no hieras tu pie en piedra.
12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y acabada toda la tentación, el diablo se partió de él por algún tiempo.
14 Y Jesús volvió en poder del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la región de al derredor.
15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
16 Y vino a Nazaret, donde había sido criado, y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer.
17 Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y cuando abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor [está] sobre mí, por cuanto me ha ungido para predicar el evangelio a los pobres; Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; Para predicar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista, para poner en libertad a los quebrantados;
19 Para predicar el año aceptable del Señor.
20 Y cerrando el libro, lo dio al ministro, y se sentó: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21 Y comenzó a decirles: Hoy es cumplida esta Escritura en vuestros oídos.
22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
23 Y les dijo: Sin duda me diréis esta parábola: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
24 Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
25 Mas en verdad os digo, [que] muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, cuando hubo grande hambre por toda la tierra:
26 Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el siro.
28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas.
29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fue.
31 Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí les enseñaba en los sábados.
32 Y estaban atónitos de su doctrina; porque su palabra era con potestad.
33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,
34 Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno.
36 Y cayó espanto sobre todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra [es] ésta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?
37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
38 Y levantándose de la sinagoga, se entró en casa de Simón: Y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
39 Y estando cerca de ella, reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Y levantándose ella inmediatamente, les servía.
40 Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios; mas [él] reprendiéndo[les] no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.
42 Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos.
43 Y él les dijo: También a otras ciudades es menester que yo predique el reino de Dios; porque para esto soy enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.