Luke 5
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| v | Valera1602 |
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| 1 | Y ACONTECIÓ, que estando él de pie junto al lago de Genezaret, la multitud se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. |
| 2 | Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban [sus] redes. |
| 3 | Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. |
| 4 | Y cuando cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echad vuestras redes para pescar. |
| 5 | Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. |
| 6 | Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de peces, que su red se rompía. |
| 7 | E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se hundían. |
| 8 | Cuando Simón Pedro lo vio, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: apártate de mí, Oh[ Señor, porque soy hombre pecador. |
| 9 | Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, por la presa de los peces que habían tomado: |
| 10 | Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres. |
| 11 | Y cuando trajeron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron. |
| 12 | Y aconteció que estando en cierta ciudad, he aquí, un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. |
| 13 | Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. |
| 14 | Y él le mandó que no lo dijese a nadie: Mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, por testimonio a ellos. |
| 15 | Pero tanto más se extendía su fama; y se juntaban grandes multitudes a oír y ser sanados por él de sus enfermedades. |
| 16 | Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba. |
| 17 | Y aconteció cierto día, que él estaba enseñando, y fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y de Jerusalem; y el poder del Señor estaba [allí] para sanarlos. |
| 18 | Y he aquí, unos hombres, que traían en un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y poner[le] delante de él. |
| 19 | Y no hallando por dónde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús; |
| 20 | El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. |
| 21 | Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a razonar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? |
| 22 | Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué razonáis en vuestros corazones? |
| 23 | ¿Cuál es más fácil; decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate, y anda? |
| 24 | Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico), A ti digo: Levántate, toma tu lecho; y vete a tu casa. |
| 25 | Y al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fue a su casa, glorificando a Dios. |
| 26 | Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto cosas maravillosas hoy. |
| 27 | Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme. |
| 28 | Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. |
| 29 | Y Leví hizo un gran banquete en su casa, y había mucha compañía de publicanos, y de otros, que estaban sentados a la mesa con ellos. |
| 30 | Y los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? |
| 31 | Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos. |
| 32 | No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento. |
| 33 | Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; mas tus discípulos comen y beben? |
| 34 | Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el desposado está con ellos? |
| 35 | Pero vendrán días cuando el desposado les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días. |
| 36 | Y les decía también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestidura vieja: de otra manera el nuevo rompe, y a la vieja no conviene remiendo nuevo. |
| 37 | Y nadie echa vino nuevo en odres viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los odres, y el vino se derramará, y los odres se perderán. |
| 38 | Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. |
| 39 | Y ninguno que bebiere el viejo, quiere inmediatamente el nuevo; porque dice: El viejo es mejor. |