Luke 6
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y aconteció que pasando él por entre los panes el segundo sábado después del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, estregándolas entre las manos. |
| 2 | Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados? |
| 3 | Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban? |
| 4 | ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio también a los que estaban con él; los cuales no era lícito comer, sino a solos los sacerdotes? |
| 5 | Y les decía: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado. |
| 6 | ¶ Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca. |
| 7 | Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen. |
| 8 | Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y pónte en medio. Y él levantándose, se puso en pie. |
| 9 | Entonces Jesús les dice: Preguntaros he una cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o matar? |
| 10 | Y mirándolos a todos en derredor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fue restituida sana como la otra. |
| 11 | Y ellos fueron llenos de rabia, y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús. |
| 12 | ¶ Y aconteció en aquellos días, que fue a orar en un monte, y pasó la noche orando a Dios. |
| 13 | Y como fue de día, llamó a sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales también llamó Apóstoles: |
| 14 | A Simón, al cual también llamó Pedro, y a Andrés su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, |
| 15 | Mateo y Tomás, y Santiago, hijo de Alfeo, y Simón, el que se llama Zelador, |
| 16 | Júdas hermano de Santiago, y Júdas Iscariote, que también fue el traidor. |
| 17 | ¶ Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea, y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; |
| 18 | Y otros que habían sido atormentados de espíritus inmundos; y eran sanos. |
| 19 | Y toda la multitud procuraba de tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba a todos. |
| 20 | Y alzando él los ojos sobre sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. |
| 21 | Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora lloráis; porque reiréis. |
| 22 | Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. |
| 23 | Gozáos en aquel día, y alegráos; porque, he aquí, vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas. |
| 24 | Mas ¡ay de vosotros ricos! porque tenéis vuestro consuelo. |
| 25 | ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. |
| 26 | ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas. |
| 27 | ¶ Mas a vosotros los que oís, digo: Amád a vuestros enemigos: hacéd bien a los que os aborrecen. |
| 28 | Bendecíd a los que os maldicen; y orád por los que os calumnian. |
| 29 | Y al que te hiriere en una mejilla, dále también la otra; y del que te quitare la capa, no le impidas llevar el sayo también. |
| 30 | Y a cualquiera que te pidiere, da, y al que tomare lo que es tuyo, no se lo vuelvas a pedir. |
| 31 | Y como queréis que os hagan los hombres, hacédles también vosotros así. |
| 32 | Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman a los que los aman. |
| 33 | Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. |
| 34 | Y si prestareis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. |
| 35 | Amád pues a vuestros enemigos; y hacéd bien, y emprestád, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno aun para con los ingratos y los malos. |
| 36 | Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. |
| 37 | No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonád, y seréis perdonados: |
| 38 | Dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir. |
| 39 | Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo? |
| 40 | El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como su maestro, será perfecto. |
| 41 | ¿Y por qué miras la arista que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? |
| 42 | ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la arista que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la arista que está en el ojo de tu hermano. |
| 43 | Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto. |
| 44 | Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas. |
| 45 | El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. |
| 46 | ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? |
| 47 | ¶ Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, yo os enseñaré a quien es semejante. |
| 48 | Semejante es a un hombre que edificó una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre roca; y habiendo avenida, el río dio con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre roca. |
| 49 | Mas el que oye, y no hace, semejante es a un hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó; y fue grande la ruina de aquella casa. |