Luke 7
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| v | Platense1951 |
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| 1 | Después que hubo acabado de decir al pueblo todas estas enseñanzas, volvió a entrar en Cafarnaúm. |
| 2 | Y sucedió que un centurión tenía un servidor enfermo a punto de morir, y que le era de mucha estima. |
| 3 | Habiendo oído hablar de Jesús, envió a Él a algunos ancianos de los judíos, para rogarle que viniese a sanar a su servidor. |
| 4 | Presentáronse ellos a Jesús, y le rogaron con insistencia, diciendo: “Merece que se lo concedas, |
| 5 | porque quiere bien a nuestra nación, y él fue quien nos edificó la sinagoga”. |
| 6 | Y Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión envió unos amigos para decirle: “Señor, no te des esta molestia, porque yo no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; |
| 7 | por eso no me atreví a ir a Ti en persona: mas dilo con tu palabra, y sea sano mi criado. |
| 8 | Pues también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a este: “Anda”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace”. |
| 9 | Jesús al oírlo se admiró de él; y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: “Os digo que en Israel no hallé fe tan grande”. |
| 10 | Y los enviados, de vuelta a la casa, hallaron sano al servidor. |
| 11 | Después se encaminó a una ciudad llamada Naím; iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre de pueblo. |
| 12 | Al llegar a la puerta de la ciudad, he ahí que era llevado fuera un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda, y venía con ella mucha gente de la ciudad. |
| 13 | Al verla, el Señor movido de misericordia hacia ella, le dijo: “No llores”. |
| 14 | Y se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo: “Muchacho, Yo te digo: ¡Levántate!” |
| 15 | Y el (que había estado) muerto se incorporó y se puso a hablar. Y lo devolvió a la madre. |
| 16 | Por lo cual todos quedaron poseídos de temor, y glorificaron a Dios, diciendo: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros”, y: “Dios ha visitado a su pueblo”. |
| 17 | Esta fama referente a su persona se difundió por toda la Judea y por toda la comarca circunvecina. |
| 18 | Los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas. Entonces, Juan llamando a dos de sus discípulos, |
| 19 | enviolos a decir al Señor: “¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” |
| 20 | Y llegados a Él estos hombres, le dijeron: “Juan el Bautista nos envió a preguntarte: ‘¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?’” |
| 21 | En aquella hora sanó Jesús a muchos, de enfermedades y plagas y de malos espíritus, y concedió la vista a muchos ciegos. |
| 22 | Les respondió, entonces, y dijo: “Volved y anunciad a Juan lo que acabáis de ver y oír: ciegos ven, cojos andan, leprosos son limpiados, sordos oyen, muertos resucitan, a pobres se les anuncia la Buena Nueva. |
| 23 | Y ¡bienaventurado el que no se escandalizare de Mí!”. |
| 24 | Cuando los enviados de Juan hubieron partido, se puso Él a decir a la multitud acerca de Juan: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento? |
| 25 | Y si no ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? Los que llevan vestidos lujosos y viven en delicias están en los palacios. |
| 26 | Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. |
| 27 | Este es aquel de quien está escrito: «Mira que Yo envío mi mensajero ante tu faz que irá delante de Ti para barrete el camino». |
| 28 | Os digo, no hay, entre los hijos de mujer, más grande que Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él; |
| 29 | porque todo el pueblo que lo escuchó (a Juan), y aun los publicanos reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Él. |
| 30 | Pero los fariseos y los doctores de la Ley frustraron los designios de Dios para con ellos, al no dejarse bautizar por Juan”. |
| 31 | “¿Con quién podré comparar a hombres de este género? |
| 32 | Son semejantes a esos muchachos que, sentados en la plaza, cantan unos a otros aquello de: ‘Os tocamos la flauta, y no danzasteis; entonamos lamentaciones, y no llorasteis’. |
| 33 | Porque vino Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y vosotros decís: ‘Está endemoniado’; |
| 34 | ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Es un hombre glotón y borracho, amigo de publicanos y pecadores’. |
| 35 | Mas la sabiduría ha quedado justificada por todos sus hijos”. |
| 36 | Uno de los fariseos le rogó que fuese a comer con él, y habiendo entrado (Jesús) en la casa del fariseo, se puso a la mesa. |
| 37 | Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús se encontraba reclinado a la mesa en casa del fariseo, tomó consigo un vaso de alabastro, con ungüento; |
| 38 | y, colocándose detrás de Él, a sus pies, y llorando con sus lágrimas bañaba sus pies y los enjugaba con su cabellera; los llenaba de besos y los ungía con el ungüento. |
| 39 | Viendo lo cual el fariseo que lo había convidado dijo para sus adentros: “Si Este fuera profeta, ya sabría quién y de qué clase es la mujer que lo está tocando, que es una pecadora”. |
| 40 | Entonces Jesús respondiendo (a sus pensamientos) le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Y él: “Dilo, Maestro”. |
| 41 | Y dijo: “Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. |
| 42 | Como no tuviesen con qué pagar, les perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” |
| 43 | Simón respondió diciendo: “Supongo que aquel a quien más ha perdonado”. Él le dijo: “Bien juzgaste”. |
| 44 | Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Vine a tu casa, y tú no vertiste agua sobre mis pies; mas esta ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. |
| 45 | Tú no me diste el ósculo; mas ella, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies. |
| 46 | Tú no ungiste con óleo mi cabeza; ella ha ungido mis pies con ungüento. |
| 47 | Por lo cual, te digo, se le han perdonado sus pecados, los muchos, puesto que ha amado mucho. A la inversa, aquel a quien se perdone poco, ama poco”. |
| 48 | Después dijo a ella: “Tus pecados se te han perdonado”. |
| 49 | Entonces, los que estaban con Él a la mesa se pusieron a decir entre sí: “¿Quién es Este, que también perdona pecados?” |
| 50 | Y dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado: ve hacia la paz”. |