Luke 8
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce iban con él, |
| 2 | Y algunas mujeres que habían sido curadas por él de malos espíritus, y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; |
| 3 | Y Juana mujer de Chuza, mayordomo de Heródes; y Susana, y otras muchas que le servían de sus haberes. |
| 4 | Y como se juntó una grande multitud, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola: |
| 5 | Un sembrador salió a sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. |
| 6 | Y otra parte cayó sobre piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. |
| 7 | Y otra parte cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. |
| 8 | Y otra parte cayó en buena tierra; y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: el que tiene oídos para oír, oiga. |
| 9 | Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola. |
| 10 | Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. |
| 11 | Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. |
| 12 | Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no se salven creyendo. |
| 13 | Y los de sobre piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas estos no tienen raíces; que por un tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. |
| 14 | Y lo que cayó en espinas, estos son los que oyeron; mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. |
| 15 | Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia. |
| 16 | Ninguno empero que enciende una candela, la cubre con una vasija, o la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran, vean la luz. |
| 17 | Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir en manifiesto. |
| 18 | Mirád pues como oís; porque a cualquiera que tuviere, le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado. |
| 19 | ¶ Entonces vinieron a él su madre y hermanos, y no podían llegar a él por causa de la multitud. |
| 20 | Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que quieren verte. |
| 21 | El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. |
| 22 | ¶ Y aconteció un día que él entró en una nave con sus discípulos, y les dijo: Pasemos a la otra parte del lago; y se partieron. |
| 23 | Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el lago; y se llenaban de agua, y peligraban. |
| 24 | Y llegándose a él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, que perecemos. Y despertado él, riñó al viento y a la tempestad del agua, y cesaron; y fue hecha grande bonanza. |
| 25 | Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y ellos temiendo, quedaron maravillados, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen? |
| 26 | ¶ Y navegaron a la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea. |
| 27 | Y saliendo él a tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no llevaba vestido, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. |
| 28 | El cual como vio a Jesús, exclamó, y prostróse delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. |
| 29 | (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones era impelido del demonio por los desiertos.) |
| 30 | Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él. |
| 31 | Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo. |
| 32 | Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. |
| 33 | Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó con impetuosidad por un despeñadero en el lago, y se ahogó. |
| 34 | Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades. |
| 35 | Y salieron a ver lo que había acontecido, y vinieron a Jesús; y hallaron sentado al hombre, del cual habían salido los demonios, vestido, y en seso, a los pies de Jesús; y tuvieron temor. |
| 36 | Y les contaron los que lo habían visto, como había sido sanado aquel endemoniado. |
| 37 | Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al derredor le rogaron, que se retirase de ellos; porque tenían gran temor. Y él subiendo en la nave se volvió. |
| 38 | Y aquel hombre, del cual habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo: |
| 39 | Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había Jesús hecho con él. |
| 40 | ¶ Y aconteció que volviendo Jesús, la multitud le recibió con gozo; porque todos le esperaban. |
| 41 | Y, he aquí, un varón llamado Jairo, el cual también era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; |
| 42 | Porque una hija única que tenía, como de doce años, se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la gente. |
| 43 | Y una mujer que tenía flujo de sangre ya hacía doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno había podido ser curada, |
| 44 | Llegándose por detrás tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre. |
| 45 | Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? |
| 46 | Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. |
| 47 | Entonces como la mujer vio que no se escondía, vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa porque le había tocado, y como luego había sido sana. |
| 48 | Y él le dijo: Confía, hija, tu fe te ha sanado: vé en paz. |
| 49 | Estando aun él hablando, vino uno de casa del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro. |
| 50 | Y oyéndolo Jesús, le respondió, diciendo: No temas: cree solamente, y será sana. |
| 51 | Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie, sino a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y al padre y a la madre de la joven. |
| 52 | Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis: no es muerta, mas duerme. |
| 53 | Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta. |
| 54 | Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó, diciendo: Joven, levántate. |
| 55 | Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer. |
| 56 | Y sus padres estaban fuera de sí: a los cuales él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho. |