Luke 9
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y juntando sus doce discípulos, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. |
| 2 | Y los envió a que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos. |
| 3 | Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos vestidos. |
| 4 | Y en cualquiera casa que entrareis, quedád allí, y salíd de allí. |
| 5 | Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudíd de vuestros pies en testimonio contra ellos. |
| 6 | Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. |
| 7 | ¶ Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacía, y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan había resucitado de los muertos; |
| 8 | Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algún profeta de los antiguos había resucitado. |
| 9 | Y dijo Heródes: A Juan yo le degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. |
| 10 | ¶ Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se apartó aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida. |
| 11 | Lo cual como las gentes entendieron, le siguieron; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios; y sanó a los que tenían necesidad de cura. |
| 12 | Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide la multitud, para que yendo a las aldeas y heredades de al derredor, se alberguen y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. |
| 13 | Y les dice: Dádles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos peces, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta gente. |
| 14 | Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacédlos recostar por ranchos de cincuenta en cincuenta. |
| 15 | Y así lo hicieron; y recostáronse todos. |
| 16 | Y tomando los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo los bendijo; y rompió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud. |
| 17 | Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones. |
| 18 | ¶ Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy yo? |
| 19 | Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. |
| 20 | Y él les dijo: ¿Mas vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. |
| 21 | Entonces él encomendándoles estrechamente, les mandó que a nadie dijesen esto, |
| 22 | Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero día. |
| 23 | Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. |
| 24 | Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará. |
| 25 | Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o corra peligro de sí? |
| 26 | Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. |
| 27 | Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. |
| 28 | ¶ Y aconteció que después de estas palabras, como ocho días, tomó a Pedro, y a Juan, y a Santiago, y subió a un monte a orar. |
| 29 | Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente. |
| 30 | Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías, |
| 31 | Que aparecieron en gloria, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. |
| 32 | Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban con él. |
| 33 | Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para ti, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decía. |
| 34 | Y estando él hablando esto, vino una nube que los hizo sombra; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. |
| 35 | Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd. |
| 36 | Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo, y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. |
| 37 | ¶ Y aconteció el día siguiente, que bajando ellos del monte, un gran gentío le salió al encuentro; |
| 38 | Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo el único que tengo. |
| 39 | Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza de modo que echa espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole. |
| 40 | Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. |
| 41 | Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. |
| 42 | Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y le despedazó; mas Jesús riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió a su padre. |
| 43 | Y todos estaban fuera de sí de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: |
| 44 | ¶ Ponéd vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. |
| 45 | Mas ellos no entendían esta palabra; y les era encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra. |
| 46 | ¶ Entonces entraron en disputa, cual de ellos sería el mayor. |
| 47 | Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y le puso junto a sí, |
| 48 | Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que me recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande. |
| 49 | Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo vedamos, porque no te sigue con nosotros. |
| 50 | Jesús le dijo: No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. |
| 51 | ¶ Y aconteció que como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem. |
| 52 | Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para aderezarle allí. |
| 53 | Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba a Jerusalem. |
| 54 | Y viendo esto sus discípulos, Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quiéres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como también hizo Elías? |
| 55 | Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabéis de que espíritu sois: |
| 56 | Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. |
| 57 | ¶ Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, yo te seguiré donde quiera que fueres. |
| 58 | Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline su cabeza. |
| 59 | Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre a mi padre. |
| 60 | Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; mas tú vé, y anuncia el reino de Dios. |
| 61 | Entonces también dijo otro: Seguirte he, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. |
| 62 | Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios. |