Mark 12
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Y se puso a hablarles en parábolas: “Un hombre plantó una viña, la cercó con un vallado, cavó un lagar y edificó una torre; después la arrendó a unos viñadores, y se fue a otro país. |
| 2 | A su debido tiempo, envió un siervo a los viñadores para recibir de ellos su parte de los frutos de la viña. |
| 3 | Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y lo remitieron con las manos vacías. |
| 4 | Entonces, les envió otro siervo, al cual descalabraron y ultrajaron; |
| 5 | y otro, al cual mataron; después otros muchos, de los cuales apalearon a unos y mataron a otros. |
| 6 | No le quedaba más que uno, su hijo amado; a este les envió por último, pensando: «Respetarán a mi hijo». |
| 7 | Pero aquellos viñadores se dijeron unos a otros: «Este es el heredero. Venid, matémoslo, y la herencia será nuestra». |
| 8 | Lo agarraron, pues, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. |
| 9 | ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y acabará con los viñadores, y entregará la viña a otros. |
| 10 | ¿No habéis leído esta Escritura: «La piedra que desecharon los que edificaban, esta ha venido a ser cabeza de esquina; |
| 11 | de parte del Señor esto ha sido hecho, y es maravilloso a nuestros ojos?»” |
| 12 | Trataron, entonces, de prenderlo, pero temían al pueblo. Habían comprendido, en efecto, que con respecto a ellos había dicho esta parábola. Lo dejaron, pues, y se fueron. |
| 13 | Le enviaron, después, algunos fariseos y herodianos, a fin de enredarlo en alguna palabra. |
| 14 | Vinieron ellos y le dijeron: “Maestro, sabemos que Tú eres veraz, que no tienes miedo a nadie, y que no miras la cara de los hombres, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Es lícito pagar el tributo al César o no? ¿Pagaremos o no pagaremos?” |
| 15 | Mas Él, conociendo su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tendéis un lazo? Traedme un denario, para que Yo lo vea”. |
| 16 | Se lo trajeron, y Él les preguntó: “¿De quién es esta figura y la leyenda?” Le respondieron: “Del César”. |
| 17 | Entonces, Jesús les dijo: “Dad al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios”. Y se quedaron admirados de Él. |
| 18 | Acercáronsele también algunos saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le propusieron esta cuestión: |
| 19 | “Maestro, Moisés nos ha prescrito, si el hermano de alguno muere dejando mujer y no deja hijos, tome su hermano la mujer de él y dé prole a su hermano. |
| 20 | Ahora bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin dejar prole. |
| 21 | El segundo la tomó, y murió sin dejar prole. Sucedió lo mismo con el tercero. |
| 22 | Y ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos murió también la mujer. |
| 23 | En la resurrección, cuando ellos resuciten, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por mujer”. |
| 24 | Mas Jesús les dijo: “¿No erráis, acaso, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios? |
| 25 | Porque, cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres ), ni se darán en matrimonio (las mujeres), sino que serán como ángeles en el cielo. |
| 26 | Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la Zarza, cómo Dios le dijo: «Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?» |
| 27 | Él no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros estáis, pues, en un gran error”. |
| 28 | Llegó también un escriba que los había oído discutir; y viendo lo bien que Él les había respondido, le propuso esta cuestión: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” |
| 29 | Jesús respondió: “El primero es: «Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, un solo Señor es. |
| 30 | Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza»” |
| 31 | El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No existe mandamiento mayor que estos”. |
| 32 | Díjole el escriba: “Maestro, bien has dicho; en verdad, que «Él es único, que no hay otro más que Él». |
| 33 | Y el amarlo con todo el corazón y con todo el espíritu y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. |
| 34 | Jesús, viendo que había hablado juiciosamente, le dijo: “Tú no estás lejos del reino de Dios”. Y nadie osó más proponerle cuestiones. |
| 35 | Entonces, Jesús, tomando la palabra, enseñaba en el Templo diciendo: “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? |
| 36 | Porque David mismo dijo (inspirado) por el Espíritu Santo: «El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga Yo a tus enemigos por tarima de tus pies». |
| 37 | Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser su hijo?” Y la gente numerosa lo escuchaba con placer. |
| 38 | Dijo también en su enseñanza: “Guardaos de los escribas, que se complacen en andar con largos vestidos, en ser saludados en las plazas públicas, |
| 39 | en ocupar los primeros sitiales en las sinagogas y los primeros puestos en los convites, |
| 40 | y que devoran las casas de las viudas, y afectan hacer largas oraciones. Estos recibirán mayor castigo”. |
| 41 | Estando Jesús sentado frente al arca de las ofrendas, miraba a la muchedumbre que echaba monedas en el arca, y numerosos ricos echaban mucho. |
| 42 | Vino también una pobre viuda que echó dos moneditas, esto es un cuarto de as. |
| 43 | Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “En verdad, os digo, esta pobre viuda ha echado más que todos los que echaron en el arca. |
| 44 | Porque todos los otros echaron de lo que les sobraba, pero esta ha echado de su propia indigencia todo lo que tenía, todo su sustento”. |