Mark 14
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| v | RV2019 |
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| 1 | Y era la pascua, y los días de los panes sin levadura dos días después; y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le prenderían por engaño, y le matarían. |
| 2 | Mas decían: No en el día de la fiesta porque no se haga alboroto del pueblo. |
| 3 | Y estando él en Betania en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer teniendo un vaso de alabastro de ungüento de nardo puro de mucho precio, y quebrando el alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. |
| 4 | Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? |
| 5 | Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse a los pobres. Y bramaban contra ella. |
| 6 | Mas Jesús dijo: Dejádla: ¿por qué la molestais? buena obra me ha hecho. |
| 7 | Porque siempre tenéis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les podéis hacer bien; mas a mí no siempre me tenéis. |
| 8 | Esta, lo que pudo, hizo: se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. |
| 9 | De cierto os digo, que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también esto que ha hecho ésta, será dicho para memoria de ella. |
| 10 | Entonces Júdas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes, para entregársele. |
| 11 | Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darían dineros. Y buscaba oportunidad como le entregaría. |
| 12 | ¶ Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte, para que comas la pascua? |
| 13 | Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua, seguídle; |
| 14 | Y donde entrare, decíd al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? |
| 15 | Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, aderezad para nosotros allí. |
| 16 | Y fueron sus discípulos, y vinieron a la ciudad, y hallaron como les había dicho, y aderezaron la pascua. |
| 17 | Y llegada la tarde, vino con los doce. |
| 18 | Y como se sentaron a la mesa, y comiesen, dice Jesús: De cierto os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. |
| 19 | Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno por sí: ¿Seré yo? y el otro: ¿Seré yo? |
| 20 | Y él respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, que moja conmigo en el plato. |
| 21 | A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera, si no hubiera nacido el tal hombre. |
| 22 | Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo lo rompió, y les dio, y dijo: Tomád, coméd, éste es mi cuerpo. |
| 23 | Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. |
| 24 | Y les dice: Esta es mi sangre del nuevo testamento, que por muchos es derramada. |
| 25 | De cierto os digo, que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios. |
| 26 | ¶ Y como hubieron cantado un himno, se salieron al monte de las Olivas. |
| 27 | Jesús entonces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor, y serán dispersas las ovejas. |
| 28 | Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. |
| 29 | Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo. |
| 30 | Y le dice Jesús: De cierto te digo, que tú, hoy, en esta misma noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. |
| 31 | Mas él con más vehemencia decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. |
| 32 | Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentáos aquí, entre tanto que oro. |
| 33 | Y toma consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y comenzó a atemorizarse, y a angustiarse en gran manera. |
| 34 | Y les dice: Del todo está triste mi alma hasta la muerte: esperád aquí, y velád. |
| 35 | Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora; |
| 36 | Y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son a ti posibles; aparta de mi esta copa; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú. |
| 37 | Y vino, y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? |
| 38 | Velád, y orád, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma. |
| 39 | Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras. |
| 40 | Y vuelto, los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabían que responderle. |
| 41 | Y vino la tercera vez, y les dice: Dormíd ya, y descansád. Basta: la hora es venida: he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. |
| 42 | Levantáos, vamos: he aquí, el que me entrega está cerca. |
| 43 | Y luego, aun hablando él, vino Júdas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos. |
| 44 | Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendédle, y llevádle seguramente. |
| 45 | Y como vino, se llegó luego a él, y le dice: Maestro, Maestro, y le besó. |
| 46 | Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. |
| 47 | Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. |
| 48 | Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Cómo a ladrón, habéis salido con espadas y con palos a tomarme? |
| 49 | Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis. Mas es así para que se cumplan las Escrituras. |
| 50 | Entonces dejándole todos sus discípulos huyeron. |
| 51 | Empero un mancebo le seguía cubierto de una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los mancebos le prendieron. |
| 52 | Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo. |
| 53 | ¶ Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron a él todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas. |
| 54 | Pedro empero le siguió de lejos hasta dentro del palacio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los criados, y calentándose al fuego. |
| 55 | Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; mas no hallaban. |
| 56 | Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban. |
| 57 | Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: |
| 58 | Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos. |
| 59 | Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. |
| 60 | El sumo sacerdote entonces, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti? |
| 61 | Mas él callaba, y nada respondió. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? |
| 62 | Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre asentado a la diestra del poder de Dios, y que viene en las nubes del cielo. |
| 63 | Entonces el sumo sacerdote, rompiendo sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? |
| 64 | Oído habéis la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte. |
| 65 | Y algunos comenzaron a escupir en él, y a cubrir su rostro, y a darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los criados le herían de bofetadas. |
| 66 | ¶ Y estando Pedro en el palacio abajo, vino una de las criadas del sumo sacerdote; |
| 67 | Y como vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas. |
| 68 | Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que te dices. Y se salió fuera a la entrada, y cantó el gallo. |
| 69 | Y la criada viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es uno de ellos. |
| 70 | Mas él negó otra vez. Y poco después otra vez los que estaban allí, dijeron a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante. |
| 71 | Y él comenzó a echarse maldiciones y a jurar, diciendo: No conozco a ese hombre de que habláis. |
| 72 | Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces; y comenzó a llorar. |