Mark 14
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| v | SBLEs2024 |
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| 1 | Faltaban dos días para la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, y los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban la manera de apoderarse de él con engaños y matarlo. |
| 2 | Pues decían: «No durante la fiesta, porque podría haber un disturbio entre el pueblo». |
| 3 | Estando en Betania, en casa de Simón el leproso, mientras estaba sentado a la mesa, llegó una mujer con una redoma de alabastro con ungüento de nardo puro, muy costoso. Rompió la redoma y lo derramó sobre su cabeza. |
| 4 | Pero algunos se indignaron entre sí, diciendo: «¿Por qué se ha desperdiciado este ungüento? |
| 5 | Porque podría haberse vendido por más de trescientos denarios y haberse dado a los pobres». Así que murmuraban contra ella. |
| 6 | Pero Jesús le dijo: «Dejadla en paz. ¿Por qué la molestáis? Ella ha hecho una buena obra para mí. |
| 7 | Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando queráis podéis hacerles bien; pero a mí no siempre me tenéis. |
| 8 | Ella ha hecho lo que ha podido. Ha ungido mi cuerpo de antemano para la sepultura. |
| 9 | Os aseguro que dondequiera que se predique esta Buena Noticia en todo el mundo, se hablará también de lo que ha hecho esta mujer para memoria de ella.» |
| 10 | Judas Iscariote, que era uno de los doce, se fue a los sumos sacerdotes para entregárselo. |
| 11 | Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero. Él buscó la manera de entregarlo convenientemente. |
| 12 | El primer día de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la Pascua, sus discípulos le preguntaron: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la Pascua?» |
| 13 | Envió a dos de sus discípulos y les dijo: “Id a la ciudad, y allí os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua. Seguidle, |
| 14 | y dondequiera que entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. |
| 15 | Él mismo os mostrará un gran aposento alto amueblado y preparado. Preparadlo allí para nosotros”. |
| 16 | Sus discípulos salieron y entraron en la ciudad, y encontraron las cosas como él les había dicho, y prepararon la Pascua. |
| 17 | Al anochecer llegó con los doce. |
| 18 | Mientras estaban sentados y comiendo, Jesús dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar: el que come conmigo.» |
| 19 | Comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo?». Y otro decía: «¿Seré yo?» |
| 20 | Él les respondió: «Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. |
| 21 | Porque el Hijo del Hombre va como está escrito de él, pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido». |
| 22 | Mientras comían, Jesús tomó el pan y, después de bendecirlo, lo partió y les dijo: «Tomad, comed. Esto es mi cuerpo». |
| 23 | Tomó el cáliz y, después de dar gracias, se lo dio a ellos. Todos bebieron de él. |
| 24 | Les dijo: «Esta es mi sangre del nuevo pacto, que se derrama por muchos. |
| 25 | De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.» |
| 26 | Después de cantar un himno, salieron al Monte de los Olivos. |
| 27 | Jesús les dijo: “Esta noche todos vosotros tropezaréis por mi causa, porque está escrito: ‘Heriré al pastor y las ovejas se dispersarán’. |
| 28 | Sin embargo, cuando haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”. |
| 29 | Pero Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no». |
| 30 | Jesús le dijo: «Muy ciertamente te digo que hoy, incluso esta noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces.» |
| 31 | Pero él insistía: «Si tengo que morir contigo, no te negaré». Todos decían lo mismo. |
| 32 | Llegaron a un lugar que se llama Getsemaní. Dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras oro». |
| 33 | Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. |
| 34 | Les dijo: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad». |
| 35 | Se adelantó un poco, se postró en tierra y oró para que, si era posible, pasara de él aquella hora. |
| 36 | Dijo: “Abba, Padre, todo es posible para ti. Por favor, aparta de mí esta copa. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”. |
| 37 | Llegó y los encontró durmiendo, y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? |
| 38 | Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, en efecto, está dispuesto, pero la carne es débil». |
| 39 | De nuevo se fue y oró diciendo las mismas palabras. |
| 40 | Volvió y los encontró durmiendo, pues sus ojos estaban muy cargados; y no sabían qué responderle. |
| 41 | Llegó por tercera vez y les dijo: «Dormid ya y descansad. Ya basta. La hora ha llegado. He aquí que el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. |
| 42 | ¡Levantaos! Pongámonos en marcha. He aquí, el que me traiciona está cerca». |
| 43 | En seguida, mientras aún hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él una multitud con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. |
| 44 | Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: «Al que yo bese, ése es. Prendedle y llevadle con seguridad». |
| 45 | Cuando llegó, enseguida se acercó a él y le dijo: «¡Rabí! ¡Rabí!» y le besó. |
| 46 | Le echaron las manos encima y le prendieron. |
| 47 | Pero uno de los que estaban allí sacó su espada e hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja. |
| 48 | Jesús les respondió: «¿Habéis salido, como contra un ladrón, con espadas y palos para prenderme? |
| 49 | Cada día estaba con vosotros en el templo enseñando, y no me prendisteis. Pero esto es para que se cumplan las Escrituras». |
| 50 | Entonces todos le abandonaron y huyeron. |
| 51 | Cierto joven lo seguía, cubierto sólo con una sábana sobre su cuerpo desnudo. Los jóvenes lo prendieron, |
| 52 | pero él, dejando la sábana, huyó de ellos desnudo. |
| 53 | Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote. Todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas se reunieron con él. |
| 54 | Pedro le había seguido de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote. Estaba sentado con los oficiales, calentándose a la luz del fuego. |
| 55 | Los jefes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. |
| 56 | Porque muchos daban falso testimonio contra él, pero sus testimonios no concordaban. |
| 57 | Algunos se levantaron y dieron falso testimonio contra él, diciendo: |
| 58 | “Le oímos decir: ‘Destruiré este templo hecho por manos de hombres, y en tres días construiré otro hecho sin manos’.” |
| 59 | Pero ni aun así concordaba el testimonio de ellos. |
| 60 | El sumo sacerdote se levantó en medio y preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos testifican contra ti?» |
| 61 | Pero él callaba y no respondió nada. De nuevo el sumo sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?» |
| 62 | Jesús dijo: «Yo soy. Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo con las nubes del cielo». |
| 63 | El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: «¿Qué más necesidad tenemos de testigos? |
| 64 | ¡Habéis oído la blasfemia! ¿Qué os parece?» Todos le condenaron como reo de muerte. |
| 65 | Algunos empezaron a escupirle, a cubrirle la cara, a golpearle con los puños y a decirle: «¡Profetiza!». Los oficiales le golpeaban con las palmas de las manos. |
| 66 | Mientras Pedro estaba abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote, |
| 67 | y al ver que Pedro se calentaba, lo miró y le dijo: «¡Tú también estabas con el nazareno, Jesús!» |
| 68 | Pero él lo negó, diciendo: «No sé ni entiendo lo que dices». Salió a la entrada; y cantó el gallo. |
| 69 | La criada lo vio y comenzó a decir de nuevo a los que estaban allí: «Este es uno de ellos». |
| 70 | Pero él volvió a negarlo. Al cabo de un rato, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Verdaderamente eres uno de ellos, pues eres galileo, y tu forma de hablar lo demuestra.» |
| 71 | Pero él comenzó a maldecir y a jurar: «¡No conozco a ese hombre de quien habláis!» |
| 72 | El gallo cantó por segunda vez. Pedro recordó las palabras que le dijo Jesús: «Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres». Y pensando en ello, lloraba. |