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Mark 4

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vValera1602
1 Y OTRA vez comenzó a enseñar junto al mar, y se allegó a él una gran multitud; tanto que entrándose él en un barco, se sentó en el mar, y toda la multitud estaba en tierra junto al mar.
2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:
3 Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
4 Y aconteció que al sembrar, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la devoraron.
5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació inmediatamente, porque no tenía la tierra profunda.
6 Mas salió el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz se secó.
7 Y otra parte cayó en espinas; y crecieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció; y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento.
9 Y les decía: El que tiene oídos para oír, oiga.
10 Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban alrededor de él con los doce, de la parábola.
11 Y él les decía: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todas las cosas se les hacen por parábolas;
12 Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan: porque alguna vez no se conviertan, y les sean perdonados [sus] pecados.
13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas?
14 El sembrador siembra la palabra.
15 Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, inmediatamente viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones.
16 Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oído la palabra, inmediatamente la reciben con gozo;
17 Y no tienen raíz en sí mismos, antes son temporales; que en levantándose la tribulación, o la persecución por causa de la palabra, inmediatamente se ofenden.
18 Y éstos son los que son sembrados entre espinas, los que oyen la palabra;
19 Mas los afanes de este mundo, y el engaño de las riquezas, y las concupiscencias que hay en las otras cosas entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
20 Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra y [la] reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, otro a ciento.
21 Y les decía: ¿Acaso se trae la candela debajo de un almud, o debajo de la cama? ¿No [la trae] para ser puesta en el candelero?
22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que no haya de venir en descubierto.
23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
24 Y les decía: Mirad lo que oís: Con la medida que medís, os será medido, y será añadido a vosotros los que oís.
25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
26 Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echase simiente en la tierra;
27 Y durmiese, y se levantase de noche y de día, y la simiente brotase y creciese sin saber él como.
28 Porque la tierra de suyo fructifica, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;
29 Y cuando el fruto fuere producido, inmediatamente él mete la hoz, porque la siega es llegada.
30 También decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué comparación le compararemos?
31 [Es] como el grano de mostaza, que cuando es sembrado en la tierra, es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra;
32 Mas cuando fuere sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan posar debajo de su sombra.
33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.
34 Y sin parábola no les hablaba; mas cuando estaban solos, declaraba todas las cosas a sus discípulos.
35 Y les dijo aquel día, cuando fue tarde: Pasemos al otro lado.
36 Y enviada la multitud, le tomaron así como estaba, en la nave, y había también con él otros barquitos.
37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se llenaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perezcamos?
39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fue hecha grande bonanza.
40 Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis tan temerosos? ¿Cómo es que no tenéis fe?
41 Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?