Mark 5
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Llegaron a la otra orilla del mar, al país de los gerasenos. |
| 2 | Apenas desembarcó, saliole al encuentro desde los sepulcros un hombre poseído de un espíritu inmundo, |
| 3 | el cual tenía su morada en los sepulcros; y ni con cadenas podía ya nadie amarrarlo, |
| 4 | pues muchas veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y hecho pedazos los grillos, y nadie era capaz de sujetarlo. |
| 5 | Y todo el tiempo, de noche y de día, se estaba en los sepulcros y en las montañas, gritando e hiriéndose con piedras. |
| 6 | Divisando a Jesús de lejos, vino corriendo, se prosternó delante de Él |
| 7 | y gritando a gran voz dijo: “¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios, no me atormentes”. |
| 8 | Porque Él le estaba diciendo: “Sal de este hombre inmundo espíritu”. |
| 9 | Y le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” Respondiole: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. |
| 10 | Y le rogó con ahínco que no los echara fuera del país. |
| 11 | Ahora bien, había allí junto a la montaña una gran piara de puercos paciendo. |
| 12 | Le suplicaron diciendo: “Envíanos a los puercos, para que entremos en ellos”. |
| 13 | Se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos; y la piara, como unos dos mil, se despeñó precipitadamente en el mar y se ahogaron en el agua. |
| 14 | Los porqueros huyeron a toda prisa y llevaron la nueva a la ciudad y a las granjas; y vino la gente a cerciorarse de lo que había pasado. |
| 15 | Mas llegados a Jesús vieron al endemoniado, sentado, vestido y en su sano juicio: al mismo que había estado poseído por la legión, y quedaron espantados. |
| 16 | Y los que habían presenciado el hecho, les explicaron cómo había sucedido con el endemoniado y con los puercos. |
| 17 | Entonces comenzaron a rogarle que se retirase de su territorio. |
| 18 | Mas cuando Él se reembarcaba, le pidió el endemoniado andar con Él; |
| 19 | pero no se lo permitió, sino que le dijo: “Vuelve a tu casa, junto a los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho y cómo tuvo misericordia de ti”. |
| 20 | Fuése, y se puso a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho por él, y todos se maravillaban. |
| 21 | Habiendo Jesús regresado en la barca a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó alrededor de Él. Y Él estaba a la orilla del mar, |
| 22 | cuando llegó un jefe de sinagoga, llamado Jairo, el cual, al verlo, se echó a sus pies, |
| 23 | le rogó encarecidamente y le dijo: “Mi hija está en las últimas; ven a poner tus manos sobre ella, para que se sane y viva”. |
| 24 | Se fue con él, y numerosa gente le seguía, apretándolo. |
| 25 | Y había una mujer atormentada por un flujo de sangre desde hacía doce años. |
| 26 | Mucho había tenido que sufrir por numerosos médicos, y había gastado todo su haber, sin experimentar mejoría, antes, por el contrario, iba de mal en peor. |
| 27 | Habiendo oído lo que se decía de Jesús, vino, entre la turba, por detrás, y tocó su vestido. |
| 28 | Pues se decía: “Con solo tocar sus vestidos, quedaré sana”. |
| 29 | Y al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de su mal. |
| 30 | En el acto Jesús, conociendo en sí mismo que una virtud había salido de Él, se volvió entre la turba y dijo: “¿Quién ha tocado mis vestidos?”. |
| 31 | Respondiéronle sus discípulos: “Bien ves que la turba te oprime, y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’”. |
| 32 | Pero Él miraba en torno suyo, para ver la persona que había hecho esto. |
| 33 | Entonces, la mujer, azorada y temblando, sabiendo bien lo que le había acontecido, vino a postrarse delante de Él, y le dijo toda la verdad. |
| 34 | Mas Él le dijo: “¡Hija! tu fe te ha salvado. Vete hacia la paz y queda libre de tu mal”. |
| 35 | Estaba todavía hablando cuando vinieron de casa del jefe de sinagoga a decirle (a este): “Tu hija ha muerto. ¿Con qué objeto incomodas mas al Maestro?”. |
| 36 | Mas Jesús, desoyendo lo que hablaban, dijo al jefe de sinagoga: “No temas, únicamente cree”. |
| 37 | Y no permitió que nadie lo acompañara, sino Pedro, Santiago y Juan, hermano de Jacobo. |
| 38 | Cuando hubieron llegado a la casa del jefe de sinagoga, vio el tumulto, y a los que estaban llorando y daban grandes alaridos. |
| 39 | Entró y les dijo: “¿Por qué este tumulto y estas lamentaciones? La niña no ha muerto, sino que duerme”. |
| 40 | y se burlaban de Él. Hizo, entonces, salir a todos, tomó consigo al padre de la niña y a la madre y a los que lo acompañaban, y entró donde estaba la niña. |
| 41 | Tomó la mano de la niña y le dijo: “¡Talitha kum!”, que se traduce: “¡Niñita, Yo te lo mando, levántate!”. |
| 42 | Y al instante la niña se levantó, y se puso a caminar, pues era de doce años. Y al punto quedaron todos poseídos de gran estupor. |
| 43 | Y les recomendó con insistencia que nadie lo supiese; y dijo que a ella le diesen de comer. |