Mark 5
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| v | RV2019 |
|---|---|
| 1 | Y vinieron a la otra parte de la mar a la provincia de los Gadarenos. |
| 2 | Y salido él de la nave, luego le salió al encuentro un hombre de los sepulcros con un espíritu inmundo, |
| 3 | Que tenía su morada en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar; |
| 4 | Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar. |
| 5 | Y siempre de día y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. |
| 6 | Y como vio a Jesús de lejos, corrió, y le adoró; |
| 7 | Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. |
| 8 | Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. |
| 9 | Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. |
| 10 | Y le rogaba mucho que no los echase fuera de aquel país. |
| 11 | Y estaba allí cerca de los montes una grande manada de puercos paciendo. |
| 12 | Y le rogaron todos aquellos demonios, diciendo: Envíanos a los puercos para que entremos en ellos. |
| 13 | Y les permitió luego Jesús; y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos; y la manada se precipitó con impetuosidad por un despeñadero en la mar, y eran como dos mil, y se ahogaron en la mar. |
| 14 | Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver que era aquello que había acontecido. |
| 15 | Y vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, sentado, y vestido, y en seso el que había tenido la legión; y tuvieron temor. |
| 16 | Y les contaron los que lo habían visto, como había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos. |
| 17 | Y comenzaron a rogarle que se fuese de los términos de ellos. |
| 18 | Y entrando él en la nave, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él. |
| 19 | Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete a tu casa a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y como ha tenido misericordia de ti. |
| 20 | Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él; y todos se maravillaban. |
| 21 | ¶ Y pasando otra vez Jesús en una nave a la otra parte, se juntó a él una gran multitud; y estaba junto a la mar. |
| 22 | Y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo; y como le vio, se postró a sus pies, |
| 23 | Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está a la muerte: Ven y pon las manos sobre ella, para que sea sana, y vivirá. |
| 24 | Y fue con él, y le seguía mucha gente, y le apretaban. |
| 25 | Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, |
| 26 | Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, |
| 27 | Como oyó hablar de Jesús, vino entre el gentío por detrás, y tocó su vestido. |
| 28 | Porque decía: Si yo tocare tan solamente su vestido, quedaré sana. |
| 29 | Y luego la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote. |
| 30 | Y Jesús luego conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose hacia el gentío, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? |
| 31 | Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? |
| 32 | Y él miraba al rededor por ver a la que había hecho esto. |
| 33 | Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. |
| 34 | Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho sana; vé en paz, y queda sana de tu azote. |
| 35 | ¶ Hablando aun él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas más al Maestro? |
| 36 | Mas Jesús luego, en oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas: cree solamente. |
| 37 | Y no permitió que alguno viniese tras él, sino Pedro, y Santiago, y Juan hermano de Santiago. |
| 38 | Y vino a casa del príncipe de la sinagoga, y vio el alboroto, y los que lloraban y gemían mucho. |
| 39 | Y entrado, les dice: ¿Por qué os alborotáis, y lloráis: La joven no es muerta, sino que duerme. |
| 40 | Y hacían burla de él; mas él, echados fuera todos, toma al padre y a la madre de la joven, y a los que estaban con él, y entra donde estaba la joven echada. |
| 41 | Y tomando la mano de la joven, le dice: Talitha cumi; que quiere decir: Joven, a ti digo, levántate. |
| 42 | Y luego la joven se levantó, y andaba; porque era de doce años: y se espantaron de grande espanto. |
| 43 | Mas él les encargó estrechamente que nadie lo supiese; y dijo que diesen de comer a la joven. |