Mark 8
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| v | RV2019 |
|---|---|
| 1 | En aquellos días, como hubo una muy grande multitud de gente, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: |
| 2 | Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen que comer. |
| 3 | Y si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. |
| 4 | Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? |
| 5 | Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. |
| 6 | Entonces mandó a la multitud que se recostasen sobre la tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los rompió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud. |
| 7 | Tenían también unos pocos pececillos, y habiendo bendecido, dijo que también se los pusiesen delante. |
| 8 | Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. |
| 9 | Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. |
| 10 | ¶ Y luego entrando en la nave con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanuta. |
| 11 | Y vinieron los Fariseos, y comenzaron a altercar con él, demandándole señal del cielo, tentándole. |
| 12 | Y gimiendo profundamente en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo, que no se dará señal a esta generación. |
| 13 | Y dejándoles, volvió a entrar en la nave, y se fue a la otra parte. |
| 14 | ¶ Y los discípulos se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en la nave. |
| 15 | Y les mandó, diciendo: Mirád, guardáos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Heródes. |
| 16 | Y discurrían entre sí, diciendo: Es porque no tenemos pan. |
| 17 | Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué discurrís, porque no tenéis pan? ¿No consideráis, ni entendéis? ¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón? |
| 18 | ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis? |
| 19 | Cuando rompí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. |
| 20 | Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. |
| 21 | Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis? |
| 22 | ¶ Y vino a Betsaida, y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. |
| 23 | Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó, si veía algo. |
| 24 | Y él mirando, dijo: Veo los hombres como árboles que andan. |
| 25 | Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y quedó restituido, y vio de lejos y claramente a todos. |
| 26 | Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. |
| 27 | ¶ Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? |
| 28 | Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas. |
| 29 | Entonces él les dice: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. |
| 30 | Y mandóles con rigor que a ninguno dijesen esto de él. |
| 31 | Y comenzó a enseñarles, que era menester que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. |
| 32 | Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reñir. |
| 33 | Y él, volviéndose, y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. |
| 34 | Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. |
| 35 | Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará. |
| 36 | Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? |
| 37 | ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? |
| 38 | Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. |
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