Matthew 16
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| v | Platense1951 |
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| 1 | Acercáronse los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba le pidieron que les hiciese ver alguna señal del cielo. |
| 2 | Mas Él les respondió y dijo: “Cuando ha llegado la tarde, decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo”, |
| 3 | y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío”. Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos. |
| 4 | Una generación mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás”. Y dejándolos, se fue. |
| 5 | Los discípulos, al ir a la otra orilla, habían olvidado de llevar panes. |
| 6 | Y Jesús les dijo: “Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos”. |
| 7 | Ellos dentro de sí discurrían diciendo: “Es que no hemos traído panes”. |
| 8 | Mas Jesús lo conoció y dijo: “Hombres de poca fe; ¿qué andáis discurriendo dentro de vosotros mismos que no tenéis panes? |
| 9 | ¿No entendéis todavía, ni recordáis los cinco panes de los cinco mil, y cuántos canastos recogisteis? |
| 10 | ¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántos canastos recogisteis? |
| 11 | ¿Cómo no entendéis que no de los panes os quería hablar al deciros: “Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos?” |
| 12 | Entonces, comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos. |
| 13 | Y llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, propuso esta cuestión a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” |
| 14 | Respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista, otros Elías, otros Jeremías o algún otro de los profetas”. |
| 15 | Díjoles: “Y según vosotros, ¿quién soy Yo?” |
| 16 | Respondiole Simón Pedro y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. |
| 17 | Entonces Jesús le dijo: “Bienaventurado eres, Simón Bar-Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial. |
| 18 | Y Yo, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. |
| 19 | A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos”. |
| 20 | Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo. |
| 21 | Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas, y ser condenado a muerte y, resucitar al tercer día. |
| 22 | Mas Pedro, tomándolo aparte, se puso a reconvenirle, diciendo: “¡Lejos de Ti, Señor! Esto no te sucederá por cierto”. |
| 23 | Pero Él volviéndose, dijo a Pedro: “¡Quítateme de delante, Satanás! ¡Un tropiezo eres para Mí, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres!”. |
| 24 | Entonces, dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí. |
| 25 | Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará. |
| 26 | Porque ¿de qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? |
| 27 | Porque el Hijo del hombre ha de venir, en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras. |
| 28 | En verdad, os digo, algunos de los que están aquí no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino”. |