Matthew 26
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Cuando Jesús hubo acabado todos estos discursos, dijo a sus discípulos: |
| 2 | “La Pascua, como sabéis, será dentro de dos días, y el Hijo del hombre va a ser entregado para que lo crucifiquen”. |
| 3 | Entonces los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del pontífice que se llamaba Caifás; |
| 4 | y deliberaron prender a Jesús con engaño, y darle muerte. |
| 5 | Pero, decían: “No durante la fiesta, para que no haya tumulto en el pueblo”. |
| 6 | Ahora bien, hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, |
| 7 | una mujer se acercó a Él, trayendo un vaso de alabastro, con ungüento de mucho precio, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, que estaba a la mesa. |
| 8 | Los discípulos, viendo esto, se enojaron y dijeron: “¿Para qué este desperdicio? |
| 9 | Se podía vender por mucho dinero, y darlo a los pobres”. |
| 10 | Mas Jesús, notándolo, les dijo: “¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. |
| 11 | Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a Mí no me tenéis siempre. |
| 12 | Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo, lo hizo para mi sepultura. |
| 13 | En verdad, os digo, en el mundo entero, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, se contará también, en su memoria, lo que acaba de hacer”. |
| 14 | Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes, |
| 15 | y dijo: “¿Qué me dais, y yo os lo entregaré?” Ellos le asignaron treinta monedas de plata. |
| 16 | Y desde ese momento buscaba una ocasión para entregarlo. |
| 17 | El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” |
| 18 | Les respondió: id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: “El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa quiero celebrar la Pascua con mis discípulos”. |
| 19 | Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. |
| 20 | Y llegada la tarde, se puso a la mesa con los Doce. |
| 21 | Mientras comían les dijo: “En verdad, os digo, uno de vosotros me entregará”. |
| 22 | Y entristecidos en gran manera, comenzaron cada uno a preguntarle: “¿Seré yo, Señor?” |
| 23 | Mas Él respondió y dijo: “El que conmigo pone la mano en el plato, ese me entregará. |
| 24 | El Hijo del hombre se va, como esta escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido”. |
| 25 | Entonces Judas, el que le entregaba, tomó la palabra y dijo: “¿Seré yo, Rabí?” Le respondió: “Tú lo has dicho”. |
| 26 | Mientras comían, pues, ellos, tomando Jesús pan, y habiendo bendecido partió y dio a los discípulos diciendo: “Tomad, comed, este es el cuerpo mío”. |
| 27 | Y tomando un cáliz, y habiendo dado gracias, dio a ellos, diciendo: “Bebed de él todos, |
| 28 | porque esta es la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados. |
| 29 | Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre”. |
| 30 | Y entonado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. |
| 31 | Entonces les dijo Jesús: “Todos vosotros os vais a escandalizar de Mí esta noche, porque está escrito: ‘Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño’. |
| 32 | Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea”. |
| 33 | Respondiole Pedro y dijo: “Aunque todos se escandalizaren de Ti, yo no me escandalizaré jamás”. |
| 34 | Jesús le respondió: “En verdad, te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tres veces me negarás”. |
| 35 | Replicole Pedro: “¡Aunque deba contigo morir, de ninguna manera te negaré!” Y lo mismo dijeron también todos los discípulos. |
| 36 | Entonces, Jesús llegó con ellos al huerto llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración”. |
| 37 | y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos dé Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. |
| 38 | Después les dijo: “Mi alma está triste, mortalmente; quedaos aquí y velad conmigo”. |
| 39 | Y adelantándose un poco, se postró con el rostro en tierra, orando y diciendo: “Padre mío, si es posible, pase este cáliz lejos de Mí; mas no como Yo quiero, sino como Tú”. |
| 40 | Y yendo hacia los discípulos, los encontró durmiendo. Entonces dijo a Pedro: “¿No habéis podido, pues, una hora velar conmigo? |
| 41 | Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, dispuesto (está), mas la carne, es débil”. |
| 42 | Se fue de nuevo, y por segunda vez, oró así: “Padre mío, si no puede esto pasar sin que Yo lo beba, hágase la voluntad tuya”. |
| 43 | Y vino otra vez y los encontró durmiendo; sus ojos estaban, en efecto, cargados. |
| 44 | Los dejó, y yéndose de nuevo, oró una tercera vez, diciendo las mismas palabras. |
| 45 | Entonces, vino hacia los discípulos y les dijo: “¿Dormís ahora y descansáis?” He aquí que llegó la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. |
| 46 | ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad que ha llegado el que me entrega”. |
| 47 | Aún estaba hablando y he aquí que Judas, uno de los Doce, llegó acompañado de un tropel numeroso con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. |
| 48 | El traidor les había dado esta señal: “Aquel a quien yo daré un beso, ese es; sujetadle”. |
| 49 | En seguida se aproximó a Jesús y le dijo: “¡Salud, Rabí!”, y lo besó. |
| 50 | Jesús le dijo: “Amigo, ¡a lo que vienes!”. Entonces, se adelantaron, echaron mano de Jesús, y lo prendieron. |
| 51 | Y he aquí que uno de los que estaban con Jesús llevó la mano a su espada, la desenvainó y dando un golpe al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja. |
| 52 | Díjole, entonces, Jesús: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que empuñan la espada, perecerán a espada. |
| 53 | ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles? |
| 54 | ¿Mas, cómo entonces se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?”. |
| 55 | Al punto dijo Jesús a la turba: “Como contra un ladrón habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Cada día me sentaba en el Templo para enseñar, ¡y no me prendisteis! |
| 56 | Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas”. Entonces los discípulos todos, abandonándole a Él, huyeron. |
| 57 | Los que habían prendido a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. |
| 58 | Pedro lo había seguido de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote, y habiendo entrado allí, se hallaba sentado con los sirvientes para ver cómo terminaba eso. |
| 59 | Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban un falso testimonio contra Jesús para hacerlo morir; |
| 60 | y no lo encontraban, aunque se presentaban muchos testigos falsos. Finalmente se presentaron dos, |
| 61 | que dijeron: “Él ha dicho: “Yo puedo demoler el templo de Dios, y en el espacio de tres días reedificarlo”. |
| 62 | Entonces, el sumo sacerdote se levantó y le dijo: “¿Nada respondes? ¿Qué es eso que estos atestiguan contra Ti?” Pero Jesús callaba. |
| 63 | Díjole, pues, el sumo sacerdote: “Yo te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. |
| 64 | Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Y Yo os digo: desde este momento veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo”. |
| 65 | Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia. |
| 66 | ¿Qué os parece?” Contestaron diciendo: “Merece la muerte”. |
| 67 | Entonces lo escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon, |
| 68 | diciendo: “Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te pegó?” |
| 69 | Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio; y una criada se aproximó a él y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el Galileo”. |
| 70 | Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé qué dices”. |
| 71 | Cuando salía hacia la puerta, otra lo vio y dijo a los que estaban allí: “Este andaba con Jesús el Nazareno”. |
| 72 | Y de nuevo lo negó, con juramento, diciendo: “Yo no conozco a ese hombre”. |
| 73 | Un poco después, acercándose los que estaban allí de pie, dijeron a Pedro: “¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues tu habla te denuncia!” |
| 74 | Entonces se puso a echar imprecaciones y a jurar: “Yo no conozco a ese hombre”. Y en seguida cantó un gallo, |
| 75 | y Pedro se acordó de la palabra de Jesús: “Antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. Y saliendo afuera, lloró amargamente. |