Matthew 27
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| v | Platense1951 |
|---|---|
| 1 | Llegada la madrugada, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron una deliberación contra Jesús para hacerlo morir. |
| 2 | Y habiéndolo atado, lo llevaron y entregaron a Pilato, el gobernador. |
| 3 | Entonces viendo Judas, el que lo entregó, que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, |
| 4 | diciendo: “Pequé, entregando sangre inocente”. Pero ellos dijeron: “A nosotros ¿qué nos importa? tú verás”. |
| 5 | Entonces, él arrojó las monedas en el Templo, se retiró y fue a ahorcarse. |
| 6 | Mas los sumos sacerdotes, habiendo recogido las monedas, dijeron: “No nos es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre”. |
| 7 | Y después de deliberar, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros. |
| 8 | Por lo cual ese campo fue llamado Campo de Sangre, hasta el día de hoy. |
| 9 | Entonces, se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: “Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio del que fue tasado, al que pusieron precio los hijos de Israel, |
| 10 | y las dieron por el Campo del Alfarero, según me ordenó el Señor”. |
| 11 | Entretanto, Jesús compareció delante del gobernador, y el gobernador le hizo esta pregunta: “¿Eres Tú el rey de los judíos?” Jesús le respondió: “Tú lo dices”. |
| 12 | Y mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo acusaban, nada respondió. |
| 13 | Entonces, Pilato le dijo: “¿No oyes todo esto que ellos alegan contra Ti?” |
| 14 | Pero Él no respondió ni una palabra sobre nada, de suerte que el gobernador estaba muy sorprendido. |
| 15 | Ahora bien, con ocasión de la fiesta, el gobernador acostumbraba conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. |
| 16 | Tenían a la sazón, un preso famoso, llamado Barrabás. |
| 17 | Estando, pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: “¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el que se dice Cristo?”, |
| 18 | porque sabía que lo habían entregado por envidia. |
| 19 | Mas mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: “No tengas nada que ver con ese justo, porque yo he sufrido mucho hoy, en sueños, por Él”. |
| 20 | Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la turba que pidiese a Barrabás, y exigiese la muerte de Jesús. |
| 21 | Respondiendo el gobernador les dijo: “¿A cuál de los dos queréis que os suelte?” Ellos dijeron: “A Barrabás”. |
| 22 | Díjoles Pilato: “¿Qué haré entonces con Jesús, el que se dice Cristo?” Todos respondieron: “¡Sea crucificado!” |
| 23 | Y cuando él preguntó: “Pues ¿qué mal ha hecho?”, gritaron todavía más fuerte, diciendo: “¡Sea crucificado!” |
| 24 | Viendo Pilato, que nada adelantaba, sino que al contrario crecía el clamor, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: “Yo soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. |
| 25 | Y respondió todo el pueblo diciendo: “¡La sangre de Él, sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” |
| 26 | Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuese crucificado. |
| 27 | Entonces, los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él toda la guardia. |
| 28 | Lo despojaron de los vestidos y lo revistieron con un manto de púrpura. |
| 29 | Trenzaron también una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza, y una caña en su derecha; y doblando la rodilla delante de Él, lo escarnecían, diciendo: “¡Salve, rey de los judíos!”; |
| 30 | y escupiendo sobre Él, tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza. |
| 31 | Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo. |
| 32 | Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simón; a este lo requisaron para que llevara la cruz de Él. |
| 33 | Y llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, “del Cráneo”, |
| 34 | le dieron a beber vino mezclado con hiel; y gustándolo, no quiso beberlo. |
| 35 | Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes. |
| 36 | Y se sentaron allí para custodiarlo. |
| 37 | Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condenación: “Este es Jesús el rey de los judíos”. |
| 38 | Al mismo tiempo crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda. |
| 39 | Y los transeúntes lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: |
| 40 | “Tú que derribas el Templo, y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a Ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡bájate de la cruz!” |
| 41 | De igual modo los sacerdotes se burlaban de Él junto con los escribas y los ancianos, diciendo: |
| 42 | “A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. |
| 43 | Puso su confianza en Dios, que Él lo salve ahora, si lo ama, pues ha dicho: “De Dios soy Hijo”. |
| 44 | También los ladrones, crucificados con Él, le decían las mismas injurias. |
| 45 | Desde la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. |
| 46 | Y alrededor de la hora nona, Jesús clamó a gran voz, diciendo: “¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. |
| 47 | Al oír esto, algunos de los que estaban allí dijeron: “A Elías llama este”. |
| 48 | Y en seguida uno de ellos corrió a tomar una esponja, que empapó en vinagre, y atándola a una caña, le presentó de beber. |
| 49 | Los otros decían: “Déjanos ver si es que viene Elías a salvarlo”. |
| 50 | Mas Jesús, clamando de nuevo, con gran voz, exhaló el espíritu. |
| 51 | Y he ahí que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra, se agrietaron las rocas, |
| 52 | se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos difuntos resucitaron. |
| 53 | Y, saliendo del sepulcro después de la resurrección de Él, entraron en la Ciudad Santa, y se aparecieron a muchos. |
| 54 | Entretanto, el centurión y sus compañeros que guardaban a Jesús, viendo el terremoto y lo que había acontecido, se llenaron de espanto y dijeron: “Verdaderamente, Hijo de Dios era este”. |
| 55 | Había también allí muchas mujeres que miraban de lejos; las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole. |
| 56 | Entre ellas se hallaban María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. |
| 57 | Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús. |
| 58 | Se presentó delante de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le entregase. |
| 59 | José tomó, pues, el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, |
| 60 | y lo puso en el sepulcro suyo, nuevo, que había hecho tallar en la roca. Después rodó una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, y se fue. |
| 61 | Estaban allí María la Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. |
| 62 | Al otro día, el siguiente de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y fueron a Pilato, |
| 63 | a decirle: “Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando vivía: “A los tres días resucitaré”. |
| 64 | Manda, pues, que el sepulcro sea guardado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan a robarlo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”, y la última impostura sea peor que la primera”. |
| 65 | Pilato les dijo: “Tenéis guardia. Id, guardadlo como sabéis”. |
| 66 | Ellos, pues, se fueron y aseguraron el sepulcro con la guardia, después de haber sellado la piedra. |