Matthew 27
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| v | SBLEs2024 |
|---|---|
| 1 | Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron consejo contra Jesús para entregarle a muerte. |
| 2 | Lo ataron, lo llevaron y lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador. |
| 3 | Entonces Judas, el que lo traicionó, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, |
| 4 | diciendo: «He pecado entregando sangre inocente.» Pero ellos dijeron: «¿Qué nos importa a nosotros? Ocupaos vosotros de ello». |
| 5 | Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. |
| 6 | Los jefes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.» |
| 7 | Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. |
| 8 | Por lo cual aquel campo se llama «Campo de sangre», hasta el día de hoy. |
| 9 | Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: «Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; |
| 10 | y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor». |
| 11 | Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Y Jesús le dijo: «Tú lo dices». |
| 12 | Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. |
| 13 | Pilato entonces le dijo: «¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?». |
| 14 | Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. |
| 15 | Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. |
| 16 | Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. |
| 17 | Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?» |
| 18 | Porque sabía que por envidia le habían entregado. |
| 19 | Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él». |
| 20 | Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. |
| 21 | Y respondiendo el gobernador, les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?» Y ellos dijeron: «¡A Barrabás!» |
| 22 | Pilato les dijo: «¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?» Todos le dijeron: «¡Sea crucificado!» |
| 23 | Y el gobernador les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban aún más, diciendo: «¡Sea crucificado!». |
| 24 | Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: «Inocente soy yo de la sangre de este justo. Ocupaos vosotros de ello». |
| 25 | Y respondiendo todo el pueblo, dijo: «¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos!» |
| 26 | Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. |
| 27 | Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; |
| 28 | y desnudándole, le echaron encima un manto escarlata, |
| 29 | y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!» |
| 30 | Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. |
| 31 | Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. |
| 32 | Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. |
| 33 | Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: «Lugar de la Calavera», |
| 34 | le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. |
| 35 | Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, |
| 36 | y sentados le guardaban allí. |
| 37 | Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: «ÉSTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS». |
| 38 | Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. |
| 39 | Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, |
| 40 | y diciendo: «Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz». |
| 41 | De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: |
| 42 | «A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. |
| 43 | Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios». |
| 44 | Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. |
| 45 | Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. |
| 46 | Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lama sabactani?» Esto es: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» |
| 47 | Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: «A Elías llama éste». |
| 48 | Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. |
| 49 | Pero los otros decían: «Deja, veamos si viene Elías a librarle». |
| 50 | Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. |
| 51 | Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; |
| 52 | y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; |
| 53 | y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. |
| 54 | El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: «¡Verdaderamente éste era Hijo de Dios!» |
| 55 | Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, |
| 56 | entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. |
| 57 | Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. |
| 58 | Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. |
| 59 | Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, |
| 60 | y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. |
| 61 | Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. |
| 62 | Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, |
| 63 | diciendo: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: ‘Después de tres días resucitaré’. |
| 64 | Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’. Y será el postrer error peor que el primero.” |
| 65 | Y Pilato les dijo: «Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis». |
| 66 | Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. |