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Sirach 38

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vPlatense1951
1 Honra al médico, porque lo necesitas; pues el Altísimo es el que le ha hecho.
2 Porque de Dios viene toda medicina, y el médico será remunerado por el rey.
3 Al médico le elevará su ciencia a los honores, y será celebrado ante los magnates.
4 El Altísimo creó de la tierra los medicamentos, y el nombre prudente no los desecha.
5 ¿No endulzó un palo las aguas amargas?
6 La virtud de los medicamentos pertenece al conocimiento de los hombres; el Señor se la ha descubierto, para que le glorifiquen por sus maravillas.
7 Con ellas cura y mitiga los dolores; el boticario hace composiciones suaves, y forma ungüentos saludables, y no tendrán fin sus operaciones.
8 Porque la bendición de Dios está extendida sobre toda la tierra.
9 Hijo, cuando estés enfermo, no te descuides a ti mismo; antes bien, ruega al Señor, y Él te curará.
10 Apártate del pecado, endereza tus acciones, y limpia tu corazón de toda culpa.
11 Ofrece suave olor, y la flor de harina en memoria; sea perfecta tu oblación, y entonces da lugar al médico.
12 Pues le ha puesto el Señor; y no se aparte de ti, porque su asistencia es necesaria.
13 Puesto que hay un tiempo en que has de caer en manos de los médicos;
14 y ellos rogarán al Señor para que les conceda lograr alivio y salud por su tratamiento.
15 Caerá en manos del médico el que peca en la presencia de su Creador.
16 Hijo, derrama lágrimas sobre el muerto, y como en un fatal acontecimiento comienza a suspirar; cubre su cuerpo según costumbre, y no te olvides de su sepultura.
17 Y para evitar que murmuren de ti, llórale amargamente por un día. Consuélate después para huir de la tristeza.
17a 38:18 Haz duelo, según el mérito de la persona, uno o dos días, para evitar la maledicencia;
18 38:19 porque la tristeza apresura la muerte y deprime el vigor, y la melancolía del corazón encorva la cerviz.
19 38:20 Mientras le llevan se mantiene la tristeza; pues la vida del pobre es como su corazón.
20 38:21 No abandones tu corazón a la tristeza, arrójala de ti; y acuérdate de las postrimerías.
21 38:22 No te olvides de ellas; porque de allá no se vuelve; no ayudarás en nada a él, y te harás daño a ti mismo.
22 38:23 “Considera lo que ha sido de mí; porque lo mismo será de ti: ayer por mí, hoy por ti.”
23 38:24 El descanso del difunto tranquilice en ti la memoria de él; y consuélate en orden a él en la salida de su espíritu.
24 38:25 La sabiduría la aprende el escriba en el tiempo que está libre de negocios; y el que tiene pocas ocupaciones la adquirirá, y se llenará de ella.
25 38:26 Pero, ¿qué sabiduría podrá adquirir el que está asido del arado, y pone su gloria en picar los bueyes con la aguijada, y se ocupa en sus labores, y no habla de otra cosa que de los toros?
26 38:27 Aplica su corazón a tirar los surcos, y sus desvelos a engordar sus vacas.
27 38:28 Así todo artesano y constructor que trabaja día y noche, y el que graba las figuras en los sellos, y con tesón va formando varias figuras, tiene su corazón atento a imitar el dibujo, y a fuerza de vigilias perfecciona su obra.
28 38:29 Así el herrero, sentado junto al yunque, está atento al hierro que está trabajando; el vaho del fuego tuesta sus carnes, y está luchando con los ardores de la fragua.
28a 38:30 El ruido del martillo le aturde los oídos, y tiene fijos sus ojos en el modelo de su obra;
28b 38:31 su corazón atiende a acabar las obras, y con su desvelo las pule a la perfección.
29 38:32 Así el alfarero, sentado a su labor, gira con sus pies la rueda, siempre cuidadoso de lo que tiene entre las manos; y llevando cuenta de todo lo que labra.
30 38:33 Con sus brazos amasa el barro, y con sus pies doma las fuerzas del mismo.
30a 38:34 Pondrá toda su atención en vidriar perfectamente la obra, y madrugará para limpiar el horno.
31 38:35 Todos estos tienen su esperanza en la industria de sus manos, y cada uno es sabio en su arte.
32 38:36 Sin todos estos, no se edifica una ciudad.
32a 38:37 Mas no habitarán en ella, ni se pasearán, ni entrarán en las asambleas.
33 38:38 No se sentarán entre los jueces, ni entenderán las leyes judiciales, ni enseñarán las reglas de la moral, ni del derecho, ni se meterán a inventar parábolas;
34 38:39 sino que restaurarán las cosas del inundo, y sus votos serán para hacer bien las obras de su arte, aplicando su propia alma a entender la ley del Altísimo.