Codex Sacra scripture, aligned
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1 Al que teme al Señor, nada malo le sucederá; antes bien en la tentación Dios le guardará, y le librará de males. 2 El varón sabio no aborrece los preceptos y las leyes; ni se estrellará como un navío en la tormenta. 3 El hombre prudente es fiel a la Ley de Dios, y la Ley será fiel para con él. 4 El que ha de aclarar una pregunta, debe premeditar la respuesta; y así, después de haber hecho oración, será oído; de ese modo conservará la buena doctrina, y entonces podrá responder. 5 El corazón del fatuo es como la rueda del carro; y como un eje que da vueltas, así son sus pensamientos. 6 El amigo escarnecedor es como el caballo padre, que relincha debajo de cualquier jinete. 7 ¿De dónde viene que un día se prefiere a otro, y la luz de un día a la luz de otro, y un año a otro año, proviniendo todos de un mismo sol? 8 La sabiduría del Señor los diferenció después de creado el sol, el cual obedece las órdenes recibidas. 9 Dios arregló las estaciones, y los días festivos de ellas, en que se celebran las solemnidades a la hora establecida. 10 De estos mismos días, a unos los hizo grandes y sagrados, y a otros los dejó en el número de días comunes. Así también a todos los hombres los hizo del polvo, y de la tierra, de que Adán fue formado; 11 a los cuales distinguió el Señor con su gran sabiduría, y diferenció los caminos de ellos. 12 De ellos a unos bendijo, los ensalzó y los consagró, y los tomó para sí; a otros los maldijo y abatió, y los trastornó después de su separación. 13 Como el barro está en manos del alfarero para hacer y disponer de él, 14 y pende de su arbitrio el emplearle en lo que quiera; así el hombre está en las manos de su Hacedor, el cual le dará el destino según su juicio. 15 Contra el mal está el bien, y contra la muerte la vida; así también contra el hombre justo el pecador; y de este modo has de contemplar todas las obras del Altísimo; las veréis pareadas, y la una opuesta a la otra. 16 Yo me he levantado el último, y soy como el que recoge rebuscos tras los vendimiadores. 17 Pero puse mi esperanza en la bendición de Dios, y llené mi lagar, como el que vendimia. 18 Observad que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan instruirse. 19 Escuchadme, oh magnates, y pueblos todos; y vosotros que presidís la asamblea, prestad atención. 20 Ni al hijo, ni a la mujer, ni al hermano, ni al amigo, jamás en tu vida les des potestad sobre ti; ni cedas a otro lo que posees, para que no suceda que arrepentido hayas de pedirle rogando que te lo devuelva. 21 Mientras estés en este mundo y respires, ningún hombre te haga mudar de este propósito. 22 Porque mejor es que tus hijos hayan de recurrir a ti, que no el que tú hayas de esperar el auxilio de las manos de tus hijos. 23 En todas tus cosas mantén la superioridad, 24 a fin de no manchar tu reputación. Reparte tu herencia cuando se terminen los días de tu vida, al tiempo de tu muerte. 25 Pienso y palos y carga para el asno; pan y castigo y trabajo para el esclavo. 26 Trabaja por el castigo, y apetece el reposo; si le dejas sueltas las manos, busca la libertad. 27 El yugo y la coyunda doblan la dura cerviz; así las continuas faenas amansan al siervo. 28 Al siervo de mala inclinación azotes y cepo. Envíale al trabajo para que no esté mano sobre mano. 29 Pues la ociosidad es maestra de muchos vicios. 30 Fuérzale a trabajar, que esto es lo que le conviene; y si no hiciere lo que le mandas, aprémiale con meterle en el cepo; guárdate, empero, de excederte contra carne alguna, y no hagas cosas de gravedad sin consejo. 31 Si tienes un siervo fiel, cuida de él como de ti mismo; trátale como a hermano; pues le compraste a costa de tu sangre. 32 Si le maltratas injustamente, se te huirá. 33 Y si él se aparta de ti y se marcha, no sabrás a quién preguntar, ni por qué camino le has de buscar.