Codex Sacra scripture, aligned
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1 PERECE el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo. 2 Entrará en la paz; descansarán en sus lechos [todos] los que andan delante de [Dios.] 3 Mas vosotros acercaos acá, hijos de la agorera, generación de adúltero y de fornicaria. 4 ¿De quién os habéis mofado? ¿contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa, 5 Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos? 6 En las pulimentadas [piedras] del valle está tu parte; ellas, ellas son tu suerte; y a ellas derramas­te libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas? 7 Sobre el monte alto y empina­do pusiste tu cama: allí también subiste a hacer sacrificio. 8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo: porque a otro que a mí te descubriste, y subis­te, y ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos pacto: amaste su cama donde quiera que la veías. 9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta el infierno. 10 En la multitud de tus caminos te cansaste, mas no dijiste: No hay remedio; hallaste la vida de tu mano, por tanto no te arrepen­tiste. 11 ¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he yo disimulado desde tiempos anti­guos, y nunca me has temido? 12 Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán. 13 Cuando clamares, líbrente tus allegados; pero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; pero el que en mí confía, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad. 14 Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tro­piezos del camino de mi pueblo. 15 Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita la eterni­dad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santi­dad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. 16 Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado. 17 Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí [mi rostro] y ensañéme; y fue él rebelde por el camino de su corazón. 18 Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones, a él y a sus enlu­tados. 19 Yo creo el fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dice el SEÑOR; y sanarélo. 20 Mas los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arro­jan cieno y lodo. 21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.